domingo, junio 17, 2007

¿Para que sirven las elecciones? ( Consideraciones mas allá de si votar a Macri o FIlmus en la segunda vuelta)





La democracia no cambia las condiciones de vida, sino las condiciones de lucha (V Lenin).
Reza una plegaria por el votante que permanece en su casa.
Sus ojos vacíos despiden un extraño brillo de belleza. Mientras desfilan surtidos carteles que ofrecen una elección entre cáncer y polio (Mick Jagger La Sal de la Tierra 1968).
La concepción expresada en la primera de las frases del epígrafe fue muy criticada habida cuenta de lo que sucedió en el mundo.

Toda una generación de argentinos vivió la mayor parte de su vida sin poder ejercer plenamente sus derechos ciudadanos.

Por ejemplo, el peronismo estuvo proscrito durante 18 años, siendo la fuerza política mayoritaria, por lo que la mayor parte de la ciudadanía se veía impedida de elegir a las autoridades que deseaba.

Esto llevó, y mas aún después de la peor dictadura de nuestra historia, a una especial valoración de los procesos electorales.

Pero ya ha corrido suficiente agua bajo el puente como para sacar algunas conclusiones, sobre todo ahora que los ciudadanos de la Ciudad de Buenos Aires se disponen a concurrir a la segunda vuelta para elegir Jefe de Gobierno.
En estos momentos se dirimen dos posturas dentro de lo que genéricamente se podría llamar "anti macrismo". De un lado están aquellos que consideran que votar a Filmus es impedir que Macri gane por un abultado margen, lo que sería leído como una catástrofe.

Del otro están los que prefieren "sincerar las cosas", habida cuenta de que Filmus constituiría un "falso progresismo" que definitivamente debería ser sancionado en las urnas habida cuenta de que la diferencia entre hechos y retórica es lo que había llevado a esta corriente al fracaso.

Una y otra postura, sin embargo parecen coincidir en que "Filmus no es la alternativa", y en que el "triunfo de Macri parece seguro".

Partiendo de ambos postulados, sería interesante cambiar la unidad de análisis y, a tenor de la experiencia democrática ya acumulada, plantearse acerca de la utilidad de las contiendas electorales medidas desde los intereses de los perdedores del sistema.

THAT IS THE QUESTION.

En el mundo "occidental" nadie pregona nada en contra de la democracia.
Democracia parece a su vez conceptuarse de acuerdo a los cánones "liberales", o sea, un régimen pluripartidario, con elecciones periódicas, libertad de prensa, respeto por los derechos humanos, y periodicidad en las funciones en rasgos generales.

Sin embargo la vida cotidiana de los ciudadanos en los países occidentales tanto centrales como subordinados no parece modificarse esencialmente.
Parece la "democracia" delegativa un desigual contrato de adhesión que justifica la aceptación pasiva de lo que el Poder ordene por parte de los ciudadanos como antes ocurría con el "derecho divino de los reyes".
En una reciente nota publicada en la Revista Ñ el historiador Eric Hosbawn, dice que la democracia parece antes justificar las decisiones que contradicen los intereses de la mayoría de la población con la excusa de que periódicamente se designan autoridades antes que responder a la voluntad general.

Los porcentajes de abstención, allí donde el voto es optativo, así como la creciente concentración de la riqueza, con su contrapartida de creciente pauperización, la corrupción reinante, la polución ambiental y las amenazas bélicas, dan cuenta de que este sistema no parece tan legítimo como se nos quiere presentar.
Aznar y Zapatero, Merkel y Schröeder, Blair y Thatcher parecen aplicar las mismas políticas.
En nuestro país desde 1983 hasta la fecha no hubo gobierno que no prosiguiese con la tendencia de empobrecimiento de la población, entrega del patrimonio nacional, incremento de la corrupción, concentración de la riqueza etc.
En el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires desde Cacciatore hasta nuestros días siempre prosiguieron, los grandes negocios, la entrega del espacio público, la inequitativa distribución de los tributos municipales, y el abandono de los servicios públicos.
Cuando en uno u otro ámbito se produjeron cambios, o mejor dicho, se evitaron retrocesos mayores fue antes que nada por iniciativa de la sociedad que por la de ningún gobierno.
Las elecciones son entonces el terreno de los poderosos.

¿ENTONCES SIRVEN O NO SIRVEN?
Immanuel Wallerstein en su libro "La decadencia del Poder Estadounidense" siguiendo a Escabbidis dice que las elecciones son "relevantes" e "irrelevantes" al mismo tiempo.
No es indiferente que existan elecciones.
Son los momentos electorales, aquellos en los que el Poder se relaja y las demandas de la sociedad crecen con mas posibilidades de verse satisfechas.

Los recientes conflictos docentes, telefónicos. de trabajadores del subterráneo son ejemplos de lo que estamos diciendo.
Son los momentos pre-electorales los que permiten demostrar que "santos varones" como Blumberg no son otra cosa que embusteros o psicópatas.
Pero también son el terreno de los que cuentan con medios financieros y con influencia sobre los medios de difusión.

Son los momentos en que tomando lo que dice el propagandista de Macri Jaime Durán Barba se nos "toma como primates" que nos "guiamos por emociones" y no con "razonamiento" (sic), y por lo visto con éxito.
También es ingenuo suponer que con la interacción creciente entre el poder económico y el Estado y con el grado de concentración de ese poder se puede modificar la realidad de manera significativa si no existe un abrumador consenso social para esos cambios, o si la correlación de fuerzas no es significativamente favorable a la modificación del status quo en la sociedad. EL P.T: y el Frente Amplio son ejemplos de lo que estamos exponiendo.
¿PERO QUE HACEMOS AHORA? ¿Y SI PENSAMOS COMO AJEDRECISTAS?
Siguiendo el razonamiento ya enunciado en el capítulo anterior para Wallerstein entonces, las elecciones siempre constituyen un problema de "mal menor".
A veces el mal menor puede consistir en votar a un presunto candidato "menos malo".
En otros casos puede considerarse mas prudente la abstención como forma de mostrar la disconformidad general con el "núcleo de acero" de los intereses dominantes, pero en cualquier caso constituyen un problema meramente pragmático.
En el caso que nos ocupa el Domingo, gane quien gane es obvio que nuestra vida no va a cambiar esencialmente aunque sería un poco peor si el triunfo fuera Macrista antes por el peso simbólico de ese presunto triunfo que por las probables consecuencias reales.
Pero lo que cabe acá no es plantearse la opción del Domingo 24 de Junio, sino el que hacer de ahí en mas.
LA CALLE Y LAS URNAS.
Existe una interpretación parcial y antojadiza del triunfo de Macri que desde aquí no compartimos.
Se dice por ahí que el triunfo del empresario mequetrefe es consecuencia del clima "antipolítco" del "que se vayan todos" del 2001/2002.
En verdad lo que esa situación planteaba una bifurcación con complejas aristas de izquierda y de derecha entremezcladas.
Había un componente de "derecha" que se verifica en "qualunquismo", que por otra parte siempre estuvo presente en la ´"cultura" argentina, desde las letras de las canciones y la posterior carrera política de "Palito Ortega", pasando por el "hombre concreto" del filósofo castrense Aldo Rico, o la "Doña Rosa" de Neustadt.
Es el "qualunquismo" el que apuesta a una "buena gestión" sin conflictos ni intereses en pugna, algo así como apostar al amor sin angustia, o a trepar una montaña sin esfuerzo.
Pero amén del "qualunquismo" se verificaba una crisis de representación y una apuesta a la participación directa en las asambleas populares como forma de cuestionar justamente a la democracia delegativa.

La prueba de lo anterior es que el primer crecimiento electoral que se observó en la Ciudad de Buenos es el de fuerzas de izquierda como la de Zamora, que por supuesto fue olímpicamente desaprovechada.
Algo de esto está latente.
Observemeos sino como en Brasil el P T por un lado decepciona, pero los Sin Tierra por el otro mantienen en alto sus demandas como un verdadero parlamento callejero.
En ese camino (sin descuidar elecciones y acciones desde el Estado) deberíamos comenzar a pensar reflexivamente.



















































2 comentarios:

kuku dijo...

"Es complicado..." diría Perelman, personaje de la película nacional cuyo nombre no me acuerdo.
Yo siempre voté por aquella propuesta y candidatos que me agradaban. La verdad, debo reconocer, jamás "gané", pero siempre tuve la tranquilidad de conciencia de haber votado por quien creía, y por ideas en las que creía y estaba dispuesta a defender. Siempre perdí o fuí minoría asquerosa.
Ahora bien, ese voto, le sirve a la democracia? no. No le sirve.
En las bipolaridades vigentes, hay que estar con Dios o con el Diablo. Y a veces, diría que con El Diablo 1 o El Diablo 2.
Si hoy viviera en Capital, votaría sin dudas a Filmus. Pero no es santo de mi devoción.
Siempre la opción termina siendo "el mal menor".
Las elecciones no dejan de ser una ficción más, como aquel que tiene un celular de 500 mangos simplemente porque no puede tener pc y banda ancha, o como el que veranea en Punta Lara con tal de no quedarse en casa "y salir como el resto".
Hay quienes tienen la fortuna de votar a alguien que les convence, y hay quienes eligen creer eso y votan "en contra de".
La democracia hoy por hoy (y las elecciones) son como los celulares; uno los tiene, hay que tenerlos, pero sabe de entrada que el contrato es leonino, que lo van a perjudicar y si es posible, a robar. Pero los tiene igual, no podés no tenerlo o quedás fuera del mundo.
Tengo celular, y lo detesto.
Voto, y detesto votar "en contra de".

Sebas dijo...

Me preguntás cómo veo la realidad desde mi edad y la verdad nunca me había puesto a pensarlo detalladamente. Es jodido, entiendo sin entender bien; opino, leo mucho, pero no termino de entender. Lo unico certero que tengo desde acá es que me voy a tener que romper el culo para poder llegar a ser algo mañana, para poder estudiar, mantener una familia y un laburo. Es que a veces me hago preguntas como "para que estudiar" o "para que voy a tener un hijo algún día si va a crecer en una sociedad que se viene abajo", pero al toque me doy cuenta que pensar así no está bien. Desde mi lugar intento hacer las cosas bien, desde mi lugar intento cambiar el mundo; cuesta un huevo. Mas desde mi edad.