lunes, julio 18, 2016

Massa y Messi

El mapa política se configura de una manera que no se acierta a ver cual va a ser su final.tío

Una experiencia parece haber concluido, la del gobierno del  kirchnerismo, y un interrognte parece desplegarse
Esto es, hacia donde va el mapa político.
Digamos que desde que asumió, el macrismo, trató de demostrar, que por la vía electoral se podía cumplir con un programa, otrora digno de un golpe de estado, o que hubiese necesitado de un sectir de derecha de los partidos tradicionales para llevarse a cabo.

La devaluación del peso, la quita de retenciones, la supresión de diversos gravámenes a los consumos mas caros se complementaron  el denominado "tarifazo", los despidos, la interminable prisión preventiva a Milagro Sala y el show mediático, respecto a escenas de corrupción del anterior gobierno

Las estrategias distractivas parecen fracasar y el enfrentamiento parece haberse dado desde un comienzo.

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 El 9 de diciembre se da un muy importante acto en la Plaza de Mayo.

Desde entonces se dieron muchas e importantes movilizaciones, algunas para mi gusto con mas presencia que otras.

Por ejemplo, se dio un importante acto por el despido del periodista Victor Hugo Morales y un acto, no tan importante por la situación de Milagro Sala.

EL 13 de Abril, se dio un acto muy concurrido fretne a los tribunales de Comodoro Py, con un discurso de la ex Presidenta que no se reiteró con expresiones similares ante su retorno a la Capital Federal

Se produjeron un par de importantes actos de ATE en Capital y una multitudinaria marcha de todas las centrales obreras menos una en Paseo Colón frente a la facultad de ingeniería a favor de la luego vetada ley anti despidos, por la que no se convocó a nuevas movilizaciones.

El tarifazo desató nuevas movilizaciones, como el llamado "ruidazo" del 14 de Julio.


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De todo lo expuesto surge que se realizaron continuas y diversas movilizaciones, pero no quedó claro como se organizaban esas movilizaciones, ni quién las dirigía.

Las de las distintas centrales obrerars fue desmovilizada por Hugo Moyano, las otras fueron realizads, en muchos casos, invocando el liderazgo de Cristina Fernández de Kirchner, que ella en nngún momento decidió asumir mas allá de su ostensible presencia.

¿Que se produce entonces?

Se producen nuevos alineamientos y esos nuevos alineamientos no parecen tener un criterio definido, mas allá del lugar que se obtenga.

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EL FPV parece haber implosionado a partir del 9 de noviembre.

La primer cuestión fue como decidió su votación en el tema de los llamados "fondos buitres".
Miguel Pichetto decidió votar a favor y con su voto alineó a buena parte del bloque, siendo una minoría la que opuso a la iniciativa.

Acto seguido se produjo el abandono de Diego Bossio que creó su propio bloque.

Finalmente, dejó al FPV, el Movimiento Evita, y si bien no lo definió, en mas de una oportunidad se le hizo un guiño ostensible a Sergio Massa

El debate que parece producirse es entre rescatar al kirchnerismo o retornar al PJ, del otro lado parece producirse algún cuestionamiento por izquierda al kirchnerismo

Sucede que esos cuestionamientos "por izquierda" repiten en diversas ocasiones los argumentos "clarinistas" ; atacan la corrupción, lo que desde ya debe cuestionarse, pero olvidan o minimizan las medidas macristas. aunque a veces aludan a alguna como para recordar en donde se encuentran

Del otro lado queda la izquerida trotskysta que presenta posiciones como las de Bregman o las de Altamira. La una que no deja de enfatizar las políticas macristas, la otra que no pone ningún énfasis.

O sea, siendo breve y a modo de una conclusión provisoria. Tenemos a una derecha gobernando, a otra derecha con ropaje peronista, a una izquierda contraria al kirchnerismo y una izquierda pequea filo kirchnerista.

En la derecha gubernamental o en la derecha peronista encontramos a Lousteau o a Massa, personas que también supieron formar parte del gabinete kirchnerista.

Mientras se habla incansablemente de Messi, como para distraer. Veremos como sigue la historia.

martes, enero 12, 2016

David Bowie: ALguien mas que se va y que desearíamos que se quede

En un día de no muy buenas noticias para colmo se fue David Bowie o David Jones, tal como era su verdadero nombre.

Lo de Bowie se lo puso cuando descubrió que David Jones era también uno de los Monkeys y tomó  el nombre de un célebre lanzador de cuchillos del siglo XIX John Bowie 

Esta estrella sexualmente "ambigua" y sumamente talentosa, pareja heterosexual de Angela y de Iman sin embargo hoy nos puede parecer que no fue tan llamativo lo que hizo mas allá de lo musical

Pero en el país en el que condenaron a Oscar Wilde, la homosexualidad fue delito hasta 1970 casi y Bowie exponía abiertamente la posibilidad de otra sexualidad

David, alguien de los que comenzó a expresar su homosexualidad, era en realidad bisexual, padre de dos hijos y pareja de hermosas mujeres como Angela e Imán.

En una pelea con su amigo Underwood le quedó la lesión con la que aparentaba tener cada ojo de un color distinto No obstante la lesión dueron amigos toda la vida y Underwood es el ilustrador de varias tapas de sus álbumens


Angela es con quien componía según rumores  un célebre terceto con Mick Jagger y a la que éste le dedicó su canción Angiesegún rumores, si bien el siempre neó la especie y le atribuye el título al nombre de la hija de Keith Richards.

No era el glam rock mi preferido.

Ni David, ni Gary Glitter,ni Alvin Stardust también  conocido como Shane Fenton  ni muchos otros eran mis preferidos, pero David en particular con el tiempo  es alguien cuyo talento resultó para mi evidente.

Tampoco Lou Reed o Iggy Pop que compartieron su obra con David 

Me resultó evidente no sólo como músico, sino como actor en Laberinto por ejemplo

Su asociación con Lou Reed o Iggy Stardust es aquello con lo que mas se lo vinculan

Sus personajes como Aladin Sane o Ziggy Stardust también hace a que se complete su histrionismo y su talento musical.

Arreglador, cantante, compositor, excelente letrista, tenía  el problema ese que suelen tener esos actores que se compenetran con su personaje y no lo pueden abandonar

Es tal vez de los pocos que tuvo el privilegio que no sea Mc Cartney o Harrison en mucha menor medida que tuvo el privilegio de componer un hit con John Lennon Ese hit fue Fame una de las mejores expresiones del soul blanco o plastic soul.

Antes de ser David Bowie, David Jones tiene una década de haber pasado de uno a otro nombre y de intentar en vano arribar al éxito

El  éxito recién llegó con Space oddity en 1969, justo cuando el hombre llegaba a la luna.

Pero siguió aun en stand by hasta que en 1972 el éxito sobrevino con Ziggy Stardust

Eso fueuno de sus notorios alter egos como lo fue luego el Duque Blanco " o "Aladin Sane"

Su personaje del Duque Blanco lo hizo simpatizar con la ultra derecha, pero eso según el mismo admitió a posteriori se debía mas que su cordura estaba afectada por el consumo de drogas.

Muchas otras actitudes desmentirían eso, desde su solidaridad con los movimientos gay hasta su crítica a las consecuencias de la guerra fría , pero lo estético, el esteticismo juegan a veces una mala pasada desde el punto de vista politico

Fue a una escuela pública regenteada por alguien muy atento al talento artístico llamado Owen Frampton, su hijo Peter, famoso y mantuvo su adociación Bowie a lo largo de los años

Compositores clásicos destacaron su talento.

Un verdadero artista completo. arreglador, compositor, cantante, multinstrumentista, talentoso letrista, gran actor. Se pierde alguien valioso.









miércoles, diciembre 23, 2015

Nota autocrítica de Atilio Borón

El poder de la crítica y la crítica del poder



Lo que sigue es un intento de proponer algunos elementos que arrojen algo de luz sobre las causas y las consecuencias de la derrota del kirchnerismo. Ha transcurrido un mes desde ese fatídico 22 de Noviembre que sellara en las urnas el triunfo de Cambiemos. El paso del tiempo permite ver con mayor claridad algunas cosas que, en el momento, no siempre pueden ser percibidas con nitidez. Espero que estas líneas sean una contribución a un debate imprescindible e impostergable, que todavía está a la búsqueda de un espacio donde librarlo constructiva y fructíferamente. Para ello se impone analizar lo ocurrido, yendo hasta la raíz de los problemas; llegando hasta el hueso, como dice el habla popular. No puede haber contemplaciones ni eufemismos. Pero la experiencia indica que el poder erige numerosos obstáculos a esta empresa. En el caso que nos ocupa, las críticas intentadas en relación a algunas de las políticas o decisiones tomadas por el kirchnerismo cuando era gobierno tropezaban con la réplica de los allegados a la Casa Rosada que decían que sólo servían para “confundir” o para “sembrar el desaliento y el desánimo” entre la militancia. En algunos casos, ciertos espíritus excesivamente enfervorizados descerrajaban un disparo mortal: la crítica “le hace el juego a la derecha”. Por consiguiente, aún cuando fueran expresadas con la intención de mejorar lo que debía mejorarse (y no con el propósito de debilitar a un gobierno que se lo apoyaba por algunas cosas que estaba haciendo bien) esas críticas, decíamos, estaban condenadas al ostracismo. Sólo sobrevivían en los pequeños círculos de los amigos, que compartían la preocupación de quien esto escribe, pero no pasaban de allí. Conclusión: no llegaba a los oídos, o a los ojos, de quien debía llegar y las posibilidades de corregir un rumbo equivocado se perdían para siempre. La voz de orden era, pues, de acompañar el proceso y abstenerse de formular críticas o, en caso de hacerlo, cuidar que la misma no trascendiera más allá de un insignificante cenáculo de iniciados.
Si provocar el desánimo con la crítica era un pecado imperdonable no pareciera ser menos ahora el “hacer leña del árbol caído”, para decirlo con un aforismo de viaja data en nuestra lengua. Algunos fanáticos consideran una traición cualquier pretensión de hacer un balance -lo más realista y equilibrado posible- de la larga década kirchnerista una vez que, derrotada, Cristina Fernández de Kirchner volvió al llano y, supuestamente, se alista para su retorno. Es esto lo que también se señala en una nota de Mempo Giardinelli aparecida en estos días en Página/12: “las autocríticas son necesarias aunque a algunos les moleste y otros cuestionen la oportunidad”.1 Entre ambas consignas –“no desanimar” y “no hacer leña del árbol caído”- naufraga la posibilidad de aportar una reflexión crítica en torno a una experiencia que, para bien o para mal, marcó con rasgos indelebles a la Argentina contemporánea. Razón demás para examinar lo ocurrido y, sobre todo, para comprender el origen de una derrota gratuita, que pudo ser evitada y que al no serlo condenó a millones de argentinas y argentinos a pasar, de nueva cuenta, por los horrores del neoliberalismo duro y puro, cosa que ya estamos viendo.
Un pensador revolucionario, anticapitalista, comunista, está obligado por una suerte de juramento hipocrático a decir la verdad, a cualquier precio. La “crítica implacable de todo lo existente” fue una de las divisas teóricas y prácticas de Marx y Engels. Y tras sus huellas, Antonio Gramsci hizo suya la máxima de Romain Rolland (“la verdad es siempre revolucionaria”) y desde sus años juveniles en L’Ordine Nuovo la redefinió en un sentido colectivo: “decir la verdad y llegar juntos a la verdad”, como acertadamente lo recordara Francisco Fernández Buey.2 Una crítica que es fundamental para examinar los errores y para, aprendiendo de los mismos, asegurarnos que no vuelvan a ser cometidos en el futuro. La historia sigue su curso y seguramente habrá nuevas instancias en donde las clases populares se enfrenten a alternativas similares a las que se vivieron en los años del kirchnerismo. Por eso es preciso el análisis y la crítica, el diagnóstico certero y la propuesta superadora. Una verdad construida entre todos. De lo contrario, si persistiéramos en conformarnos con el relato oficial, las explicaciones convencionales y las ilusiones y fantasías con las cuales se pavimentó el camino del fracaso estaríamos fatalmente condenados a la eterna repetición de lo ya vivido.
Los hechos
Partamos del reconocimiento de algunos hechos básicos. Primero que nada, admitir que no ganó Cambiemos sino que perdió el Frente para la Victoria. Ningún gobierno peronista pierde una elección nacional, y menos por poco más de dos puntos porcentuales. Eso no existe en el ADN del peronismo. Si tal cosa ocurrió fue por una insalubre mezcla de diagnósticos equivocados, pasividad de la dirigencia (que no militó la candidatura de Scioli ni aseguró la presencia de fiscales en las mesas electorales, increíblemente ausentes en distritos de nutrida votación peronista) y soberbia presidencial.
El resultado de esta nefasta combinación de factores fue la mayor derrota jamás sufrida por el peronismo a lo largo de toda su historia. Siendo gobierno perdió la nación, la provincia de Buenos Aires y no pudo conquistar a la ciudad de Buenos Aires. También perdió Mendoza y Jujuy, antes había perdido el otro bastión histórico del peronismo: la provincia de Santa Fe, y nunca pudo hacer pie en Córdoba. Algunos replicarían diciendo que Ítalo Luder fue desairado en las presidenciales de 1983, cuando a la salida de la dictadura Raúl R. Alfonsín se alzó con la victoria. Pero Luder no era gobierno; aspiraba a serlo pero no estaba en la Casa Rosada. No ganó, pero no perdió nada porque nada había ganado. Lo ocurrido con Cristina Fernández de Kirchner, en cambio, no tiene precedentes en la historia del peronismo. Este había sido desalojado del poder por la vía del golpe militar en dos oportunidades: 1955 y 1976. El peronismo en su versión menemista fue vapuleado en 1999 por la Alianza, pero en esta participaba otra versión del peronismo, el Frepaso. Y, además, si bien Eduardo Duhalde se vio postergado por el imperturbable Fernando de la Rúa, el Partido Justicialista retuvo el bastión histórico del peronismo: la crucial provincia de Buenos Aires, imponiendo la candidatura de Carlos Ruckauf. Ahora, en cambio, se perdió todo. Y tal como ocurriera en 1955 y 1976, las estructuras dirigentes del peronismo -en este caso el Frente para la Victoria, La Cámpora, Unidos y Organizados, el Partido Justicialista y la CGT oficial- fueron fieles a la tradición y se borraron antes de la partida decisiva. Una deplorable recurrencia histórica que no debiera pasar desapercibida para quienes aspiran reconstruir un gran frente opositor con esos mismos componentes.
Ante una catástrofe política de estas proporciones, que siguiendo una vieja práctica muchas figuras del kirchnerismo han procurado minimizar, se impone la necesidad de aprender de la experiencia y de identificar las causas de lo ocurrido. No se trata aquí de atribuir culpas, categoría teológica ajena al materialismo histórico, sino de ponderar y asignar responsabilidades. Y en este terreno la responsabilidad principal, aunque no exclusiva, le cabe a la jefa indiscutida del movimiento, algo también señalado en la nota de Giardinelli. Fue CFK quien armó la fórmula presidencial, las listas de legisladores nacionales y provinciales, designó a los candidatos a las gobernaciones y las intendencias y hasta la última semana de la campaña estableció el tono de la misma. No estamos diciendo nada nuevo sino simplemente reproduciendo lo que, en voz baja, murmuran kirchneristas “de paladar negro”, contrariados y disgustados por la suicida arbitrariedad de su jefa. La responsabilidad de Cristina, por lo tanto es enorme, pero no es exclusiva. No es mucho menor la que recae sobre el “entorno” presidencial: ministros, asesores, hombres y mujeres de confianza que incumplieron su obligación de informarle con veracidad y advertirle del curso autodestructivo de algunas de sus decisiones. Su misión era señalarle que, por ese rumbo, el proyecto se encaminaba hacia una derrota histórica. No quiero ser injusto porque me consta que hubo quienes, en ese entorno, trataron de hacer llegar la voz de alarma. Pero la arrolladora personalidad de Cristina y su sordera política hicieron imposible la transmisión de ese mensaje, y su círculo inmediato fracasó en evitar el desastre.
Puede llamar la atención la gravitación que se le atribuye en este análisis al “estilo personal de gobernar” de la ex presidenta. Apelo a esta expresión forjada por un gran intelectual mexicano, Daniel Cosío Villegas, quien la utilizara en su estudio sobre el sexenio del presidente Luis Echeverría Álvarez en México (1970-1976). En las páginas iniciales nuestro autor dice algo que se ajusta bastante bien a lo ocurrido en la Argentina durante el gobierno de CFK. Dice Cosío Villegas que “puesto que el presidente de México tiene un poder inmenso, es inevitable que lo ejerza personal y no institucionalmente, o sea que resulta fatal que la persona del presidente le dé a su gobierno un sello peculiar, hasta inconfundible. Es decir, que el temperamento, el carácter, las simpatías y las diferencias, la educación y la experiencia personales influirán de un modo claro en toda su vida pública y, por lo tanto, en sus actos de gobierno”.3 Reemplácese México por Argentina (con la salvedad hecha en la nota al pie) y el diagnóstico conserva toda su validez para describir la gestión de CFK y su personalísimo estilo de gobernar, con sus virtudes y sus defectos, sobre todo para sortear las trampas de la coyuntura política. Estilo personalísimo exaltado por sus seguidores como el corolario inexorable de su indiscutible liderazgo del movimiento nacional justicialista y vilipendiado por sus críticos como un atropello a los principios fundamentales del orden republicano.4
Volveremos sobre este asunto hacia el final de este ensayo. Lo cierto es que el resultado de esta derrota fue la irrupción en las alturas del estado argentino de una coalición de derecha, Cambiemos, cuya columna vertebral es el PRO, un partido auspiciado por diversas agencias federales del gobierno de Estados Unidos –como la NED, el Fondo Nacional para la Democracia; o la USAID, y otras por el estilo- o por ONGs internacionales que actúan eficaz -si bien indirectamente- en la región a través de la mediación de dos lenguaraces hispanoparlantes: José M. Aznar, desde España y Álvaro Uribe en Colombia. Son ellos a quienes el imperio les asignó la tarea de coordinar y administrar financieramente el proyecto de reinstalar a la derecha en el poder en la región, para lo cual promovieron la modernización de las arcaicas derechas latinoamericanas, renovaron sus vetustos cuadros y estilos comunicacionales y desplegaron una fenomenal campaña de articulación continental de medios de prensa que, con tono invariablemente monocorde hostigan a los gobiernos de izquierda o progresistas de la región a la vez que ensalzan los grandes logros democráticos y sociales de México, Colombia, Perú o Chile. En la pasada elección presidencial los estrategos de Cambiemos se las ingeniaron para aglutinar en torno a su candidato a políticos y militantes procedentes del peronismo y, en gran medida, de la casi difunta Unión Cívica Radical. Dado lo anterior Cambiemos será un hueso duro de roer para los sectores populares en la Argentina porque a diferencia de sus predecesores cuenta con el apoyo de una poderosa coalición conformada por la clase dominante local, la oligarquía mediática, “la embajada” y el capital internacional. No hay que equivocarse. Cambiemos es mucho más que un conglomerado meramente local; es la expresión nacional de la contraofensiva del imperialismo; es su bien afilada punta de lanza utilizada para cortar de cuajo el eje Buenos Aires-Caracas. A diferencia de lo que ocurría en el pasado, en la actualidad Argentina se ha convertido en una pieza importante en el tablero geopolítico del hemisferio cuyo control Estados Unidos ansía recuperar lo antes posible. Una Argentina que asuma integralmente, como lo ha hecho el nuevo presidente, la agenda de Estados Unidos para la región (agredir a Venezuela, cosa que hizo en la reunión de presidentes del Mercosur en Asunción; enfriar las relaciones con Bolivia, Cuba y Ecuador; tomar distancia de China y Rusia; apoyar la fantasmagórica Alianza del Pacífico y el Tratado Trans Pacífico; “reformatear” en clave ultraneoliberal al Mercosur; sabotear a la UNASUR y a la CELAC, etcétera) es una valiosa ayuda en una coyuntura internacional tan erizada de peligros como la actual. No sólo para facilitar la erosión de la Revolución Bolivariana en Venezuela, como se comprobó en las elecciones que tuvieron lugar en ese país el pasado 6 de Diciembre, sino también para aumentar la presión destituyente sobre Dilma Rousseff. El expresidente brasileño Fernando H. Cardoso había anticipado, a comienzos de Noviembre, que un triunfo de Macri facilitaría el desplazamiento de Dilma.5 Y eso es lo que ha venido ocurriendo. Por eso la Argentina ha adquirido ante los ojos de Washington una importancia que, me atrevería a decir, jamás había tenido antes. Cierra el perverso triángulo, hasta ahora incompleto, con Aznar y Uribe; debilita a Maduro y facilita la destitución de Dilma y dispara en la línea de flotación de la UNASUR y la CELAC. Por eso los voceros del imperio, aquí y allá, han prometido una ayuda financiera muy significativa para “bancar” los primeros meses del gobierno de Macri y colaborar con él en su cruzada restauradora. Y hasta ahora, a dos semanas de la asunción del nuevo presidente, han cumplido y nada hace suponer que Washington abandonará esta postura en los próximos años.6
Interpretaciones
La del kirchnerismo es la primera derrota de un gobierno progresista o de centroizquierda en Latinoamérica desde el triunfo iniciático de Chávez en Diciembre 1998. Hacía tiempo que muchos observadores venían pronosticando un “fin de ciclo” progresista. ¿Será el triunfo de Macri el punto de no retorno de un proceso involutivo regional, o se trata tan sólo de un traspié, de un retroceso temporario?7 Difícil de prever, aunque dejo sentada mi discrepancia con muchos diagnósticos catastrofistas. Dejemos por ahora esta discusión de lado para adentrarnos en la explicación de la derrota. En este terreno es necesario distinguir dos órdenes de factores causales: algunos de carácter económico, más mediatos y generales, resultantes de ciertas decisiones macroeconómicas tomadas por el gobierno de CFK que debilitaron su fortaleza electoral; y otros, mucho más inmediatos y vinculados a la campaña electoral.
a) Las causas mediatas
La tan mentada “profundización del modelo” quedó a medio camino. Más allá de la nebulosa que rodeaba esa consigna, y que la tornaba incomprensible para muchos, lo cierto es que esa profundización, seguramente por el costado de una mayor redistribución de riqueza e ingresos, control de los oligopolios, reforma tributaria, estricta regulación del comercio exterior y de los flujos financieros, entre otras materias, no tuvo lugar. Esto no equivale a desconocer los importantes cambios que hubo en la sociedad y la economía argentinas, muchos de ellos importantes y positivos aunque otros no tanto. Desgraciadamente, las pesadas herencias del neoliberalismo siguieron haciéndose notar durante los años del kirchnerismo, en algunos casos de forma un tanto atenuada. Pero lo que quedó en pie –la debilidad del estado y su reducida capacidad para regular mercados y corporaciones, la precarización laboral, la inequidad tributaria, la extranjerización de la economía, la vulnerabilidad externa- es más que suficiente como para descartar las fantasías alentadas por algunos aplaudidores oficiales y que aseguraban que países como la Argentina o el Brasil habían entrado en las serenas aguas del “posneoliberalismo.” Ojalá hubiera sido cierto, porque no estaríamos como estamos en estos dos países.
Pero no es la intención de estas líneas analizar al modelo económico del kirchnerismo. Sí quiero llamar la atención sobre algunos componentes de su política económica que impactaron negativamente sobre el electorado kirchnerista.
En primer lugar la inflación, que devaluó la enorme inversión social realizada por el gobierno y castigó sobre todo a los sectores populares, cosa archisabida en la experiencia argentina. Se demoró mucho tiempo en iniciar un combate, que recién lo lanza el ministro Axel Kicilloff con el programa “Precios Cuidados” y que obtuvo un éxito nada desdeñable. Se cayó en el craso error de pensar que cualquier política antiinflacionaria debería inevitablemente ser de cuño neoliberal. Y la inflación -encima de todo pésimamente medida por el INDEC y peor anunciada mes a mes por el gobierno- carcomió sin pausa los bolsillos populares y, peor aún, la credibilidad de un gobierno que propalaba cifras que no eran creíbles y que provocaban una mezcla sarcasmo y furia entre los más pobres, los más afectados por el continua alza de los precios. La apoteosis llegó pocos meses antes de las elecciones cuando el Jefe de Gabinete aseveró que los índices de pobreza de la Argentina (5 %) eran inferiores a los de Alemania, lo cual acentuó aún más la bajísima credibilidad que tenían las estadísticas oficiales. Así, mientras el gobierno alardeaba con índices anuales de inflación en el orden del 10 % el Ministerio de Trabajo homologaba convenios colectivos, pactado entre sindicatos y la patronal, con aumentos salariales que oscilaban en torno al 28 %, en un tácito reconocimiento de cuál era la realidad de la inflación en la Argentina. Una eficaz política antiinflacionaria, heterodoxa, hubiera evitado ese desgaste económico y político. Pero para ello era preciso hincar el diente sobre la concentración oligopólica de los formadores de precios de la economía argentina, algo que el kirchnerismo no quiso, no pudo o no supo hacer.

En segundo lugar, el empecinamiento de la Casa Rosada en mantener ese absurdo impuesto denominado “Ganancias” y que pagan los trabajadores (un poco) mejor remunerados. Su sólo nombre, “Ganancias”, de por sí equivale a una provocación porque se aplica a sueldos y salarios, no a la rentabilidad de las empresas. Pese a los incesantes y unánimes reclamos exigiendo la derogación de tan impopular tributo, que para colmo al no ajustarse el mínimo no imponible por la inflación abarcaba a un número cada vez mayor de contribuyentes cautivos, este impuesto fue caprichosamente sostenido por el gobierno. Cifras oficiales confirman que en el año 2014, último para el cual existen datos, pagaron este impuesto   poco más de un millón de asalariados, o el 11 % de los trabajadores registrados (“en blanco”) que había ese año en la Argentina. ¿Quiénes fueron, más específicamente, los afectados? Principalmente a los votantes del kirchnerismo, reclutados entre las capas medias (profesionales, maestros, empleados de comercio, de la administración pública, etcétera) y los niveles superiores de la clase obrera, que veían injustamente recortados sus ingresos mientras que las grandes fortunas y los grandes capitales encontraban numerosos resquicios legales para eludir el pago de impuestos. O, como en el caso de los jueces y los trabajadores empleados en el sector judicial, que estaban exceptuados por ley del pago de ese tributo. En suma: inflación más ganancias fueron decisivos a la hora de recortar la base social del kirchnerismo y, tal vez en mayor medida aún, en aplacar el entusiasmo militante de años anteriores o desatar un sordo resentimiento que, poco después, se expresaría en las urnas.
Tercero: el dólar. En efecto, la introducción de las restricciones a la compra de dólares golpearon fuertemente a los sectores medios, mayoritariamente volcados a favor de CFK en las elecciones presidenciales del 2011. Con las limitaciones establecidas por el gobierno en los últimos cuatro años –en lo que la prensa hegemónica no tardó en caracterizar como el “cepo cambiario”- aquellas capas y clases sociales intermedias se encontraron sin capacidad de ahorrar en dólares, en un país en donde la inflación crónica no ofrece demasiados instrumentos de ahorro fuera del dólar y en donde automóviles, viviendas y la tierra se cotizan abiertamente en dólares. Esto dificultó, a veces hasta impidió, que muchos votantes del kirchnerismo pudieran acceder a las pequeñas cantidades de dólares con las que procuraban juntar el dinero para entrar en un plan de pagos de un pequeño departamento, para adquirir un automóvil, o para remitir a una hija que, como producto de las políticas educativas del kirchnerismo, estuviera estudiando en el exterior, para no mencionar sino ejemplos bien conocidos de estos problemas. El “cepo”, en cambio, no perjudicó en lo más mínimo a las grandes fortunas o a las grandes empresas, que siguieron adquiriendo y fugando dólares sin dificultades. Se calcula que en los últimos diez años salieron del país 100.000 millones de dólares, y no precisamente fugados por los pequeños ahorristas. Esta absurda restricción, cuyos efectos recesivos saltan a la vista habida cuenta del elevado grado de internacionalización de los procesos productivos en la Argentina, podría haberse evitado introduciendo rigurosas regulaciones en el comercio exterior. Téngase presente que este país exportó, unos 60.000 millones de dólares como promedio anual entre el 2002 y el 2014, con picos en torno a los 80.000 millones, de modo que mal se podría decir que “no había dólares.” Los había, pero en manos de un pequeño círculo de exportadores, principalmente agropecuarios y mineros. Regulaciones, decíamos, tal como las que en los años cuarenta introdujera Juan D. Perón enfrentado a una situación similar, claro que con las necesarias actualizaciones exigidas por la nueva fase del desarrollo capitalista. Pero no se hizo, de ahí la restricción en el mercado cambiario y sus nefastas consecuencias políticas.

b) Causas inmediatas: el interminable catálogo de errores de campaña
A los factores señalados más arriba se sumaron una serie de graves errores cometidos antes y durante la campaña electoral del oficialismo.
Antes, en efecto, al haber combatido ferozmente a quien a la postre sería el único candidato viable, posible, presentable que tenía el kirchnerismo. No era el preferido por las bases kirchneristas, pero no había otro. Me refiero, naturalmente, a Daniel Scioli. No sólo Cristina Fernández de Kirchner no perdió ocasión de humillarlo y hostigarlo durante ocho años, casi hasta las semanas finales de la campaña cuando la suerte estaba echada, sino que el entorno presidencial se solazó en hacer lo propio, en una especie de demencial competencia para ver quien disparaba los dardos más afilados y mortíferos contra el único político que podía haberles evitado la debacle. Pocas veces se vio una demostración de estupidez política tan grande como la que los argentinos presenciamos este año. Y el tema venía de antes, porque a nadie se le escapa que la prodigalidad con que CFK transfería fondos a otras provincias –sobre todo a Santa Cruz, de nula gravitación electoral- no se repetía en el crucial caso de la provincia de Buenos Aires, histórico bastión del peronismo que no debía rifarse en una absurda pugna para evitar que Scioli se presentase en la carrera por la presidencia avalado por una aceptable gestión en su provincia. La lógica, para llamarla de algún modo, parecía ser la siguiente: si no hay otro candidato entonces que sea Scioli, pero si es Scioli que llegue con lo justo, no sea cosa que acumule demasiado poder. Y si llega a la Casa Rosada -¡en ningún caso con más del 54 % de los votos que obtuvo CFK en 2011!-, y que quede claro que llegó gracias a la presidenta. Pero el asunto era mucho más complicado y desafiaba esas simplistas elucubraciones. Ya en las legislativas del 2009 Francisco de Narváez había derrotado al FpV en la provincia, ¡a una lista encabezada nada menos que por Néstor Kirchner y Daniel Scioli! La formidable elección de Cristina en el 2011 repotenció la soberbia oficial, y muchos cayeron en la ilusión de una provincia de Buenos Aires eternamente kirchnerista. La elección parlamentaria del 2013 propinó un golpe durísimo a esas ensoñaciones: victoria de Sergio Massa con 44 % de los votos y derrumbe de la estrategia oficial de alcanzar la reforma constitucional que habilitara la “re-re” de CFK. La derrota del 2015 en la provincia, por lo tanto, no fue un rayo en un día sereno. Estaba en el horizonte de lo posible, pero la ceguera del oficialismo no se percataba de ello. Se veía venir, pero cono dice la sabiduría popular, “una cosa es verla venir y otra mandarla a llamar.” Bastaba para ello con algún pequeño paso en falso. En lugar de uno fueron varios, como veremos a continuación.
Segundo. Los dioses parecían sonreírle al kirchnerismo cuando Martín Lousteau irrumpió inesperadamente en la elección por la jefatura de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires obligando al candidato macrista, Horacio Rodríguez Larreta, que no pudo ganar en primera vuelta, a enfrentar un amenazante balotaje. En ese momento la carrera presidencial de Macri pendía de un delgado hilo porque si Lousteau, a la cabeza de un heterogéneo conglomerado de fuerzas, lograba arrebatarle la CABA al macrismo el futuro del jefe político del PRO entraría en un cono de sombras del cual le sería extremadamente difícil salir para las presidenciales de Octubre. Sin embargo, en lugar de sumar fuerzas para lograr la estratégica derrota del PRO en la ciudad capital de la Argentina la conducción del FpV se refugió en un discurso fundamentalista y bajo el argumento que uno y el otro eran iguales, que Lousteau era lo mismo que Rodríguez Larreta, se abstuvieron de orientar a sus seguidores para que apoyaran a aquél para, de ese modo, descargar un golpe de nocaut al macrismo. Una parte importante de la militancia y seguidores del FpV hizo caso omiso de la directiva de sus líderes y entendió mejor que ellos como era la jugada y que el voto táctico por Lousteau era lo que correspondía hacer. Una vez más la base superó en inteligencia política a la conducción. Pero, desgraciadamente, la vacilación de la Casa Rosada hizo que este último esfuerzo no fuera suficiente y el macrismo se impuso por apenas un 3 % de los votos, siendo derrotado en 9 de las 15 comunas en que se divide la ciudad de Buenos Aires. Como es bien sabido, hay notables paralelismos entre la lucha militar y la lucha política. Sun Tzu, el padre de la estrategia militar desde el siglo V antes de Cristo, recomienda, en su notable El Arte de la Guerra, que se “ataque al enemigo cuando no está preparado, y aparezca allí donde no es esperado. Para un estratega éstas son las claves de la victoria.” Los mariscales del FpV parece que no lo leyeron. Si lo hubieran leído y aplicado las enseñanzas del gran general chino a la coyuntura del balotaje porteño probablemente la situación de la Argentina, y de América Latina, sería hoy bien diferente.
Tercero, luego de algunos titubeos se optó por completar la fórmula presidencial con la candidatura de Carlos Zannini como vice. No fue Scioli quien eligió a su compañero sino CFK quien, por su cuenta o pésimamente asesorada, impuso a su hombre de la más estricta confianza con la misión de asegurar que, en la ya descartada exitosa sucesión presidencial, Scioli no se desviaría del rumbo trazado por la presidenta y sería, en efecto, el candidato “del proyecto” y manejado a control remoto por ella. No bastaba para asegurar la sumisión de Scioli al liderazgo tras bambalinas de CFK la nutrida presencia de diputados y senadores kirchneristas en el Congreso, o el ya descontado control de la estratégica provincia de Buenos Aires. En el enrarecido microclima de la Casa Rosada prevalecía la obsesión por garantizar la total obediencia del seguro sucesor de Cristina imponiendo el nombre del vicepresidente, ignorando, por lo visto, que este cargo es poco menos que ornamental y de carácter eminentemente decorativo en regímenes presidencialistas como los de Latinoamérica. Y esto no sólo en nuestros países: ¿quién se acuerda de los nombres de los vicepresidentes recientes de Estados Unidos? ¿Alguien podría identificar a Joe Biden, actual vice de Obama, en una fotografía? En síntesis: un gesto absurdo y gratuito. Esta fórmula, “kirchnerista pura” apaciguaba seguramente la ardiente incertidumbre del entorno, pero tenía un fatal talón de Aquiles cuyo ominoso desenlace se pondría en evidencia en la primera vuelta de la elección presidencial cuando obtuvo dos puntos menos que los obtenidos en las PASO (elecciones primarias, abiertas, simultáneas y obligatorias). La esperanza de superar el umbral del 40 % de los votos y obtener más de 10 puntos porcentuales de diferencia con Macri probó ser una ingenua ilusión -alimentada ¿inocentemente? por los encuestólogos- y la razón es clarísima: la fórmula carecía de capacidad expansiva, no incorporaba un solo votante más, no captaba absolutamente ningún elector independiente o indeciso, por más que simpatizase en general con las políticas del kirchnerismo o se sintiera atraído por su solidaridad con Chávez, Maduro, Evo, Correa o la Revolución Cubana y, por lo tanto, carecía de potencialidad de crecimiento. Un error mayúsculo que podría haber sido evitado si Scioli elegía (él, no Cristina) un compañero de fórmula si no atractivo al menos digerible para otros sectores que no fueran los “cristinistas”. Y había varios que podían haberlo acompañado.
Cuarto error: la obcecación por imponer como candidato a gobernador por la provincia de Buenos Aires al por entonces Jefe de Gabinete de Ministros de CFK, Aníbal Fernández. Este era un hombre que tenía el más elevado nivel de rechazo en la provincia y su ladero en la fórmula, Martín Sabatella, era el segundo más rechazado. No interesa, para los fines de este análisis, discernir cuáles eran los fundamentos de estos rechazos, si obedecían a problemas reales o a una pertinaz campaña mediática, que a mi juicio fue determinante. Lo cierto es que esta surtió efecto, pero la Casa Rosada no extrajo las correctas consecuencias del caso. La fórmula Fernández-Sabatella también irritó a muchos sectores del peronismo bonaerense (que no ahorraron municiones en el “fuego amigo” a la cual la sometieron). Por lo tanto, rechazo a nivel de la opinión pública y también en los cuadros del PJ. Resultado: se socavó el apoyo a Scioli y dejó servido en bandeja para el macrismo el principal distrito del país. Algunos informantes muy calificados dicen sotto voce que el Papa Francisco habría asegurado un discreto apoyo al sciolismo (cosa que lo hizo, elípticamente, al declarar poco antes de la elección, “Voten a conciencia, ya saben lo que pienso”) y sugerido la conveniencia de que un hombre como Julián Domínguez, muy allegado a la Iglesia y su obra pastoral en el conurbano bonaerense, fuese el candidato a gobernador. Aparentemente la Casa Rosada tenía otras prioridades y su pedido fue desoído.
Quinto, el interminable internismo al interior del kirchnerismo, o como lo denominaran algunas de sus víctimas, “el fuego amigo.” Innumerables ejemplos demuestran los alcances a que llegó ese proceso. Un día Scioli hace duros planteos en relación al FMI, y al día siguiente el Ministro de Economía Axel Kicillof aparece en una foto de lo más amable con la Directora Gerente del FMI, la Sra. Christine Lagarde. Un grupo de La Cámpora instala una sombrilla en una esquina porteña y reparte volantes con la lista de los candidatos a diputados por el FpV, sin incluir referencia alguna a Scioli. En la esquina de enfrente, la “ola naranja” del sciolismo instala otra mesa y sombrilla y volantea a favor de Scioli, ninguneando a los candidatos a diputados de la misma agrupación política. O se hacen ¡dos actos de cierre de campaña en el Luna Park: uno para la lista de los diputados y otro para Scioli! Difícil convencer a la gente que vote a un espacio político surcado por contradicciones tan flagrantes.
Sexto y último (aunque se podría seguir con muchos otros ejemplos de este tipo): contrariamente a todo lo que indican los estudios sobre el tema, el kirchnerismo adoptó un estilo de campaña negativa que, desde la derrota de Pinochet en el referendo de 1980, cayó completamente en desuso y no por razones éticas sino porque sencillamente no funciona y termina convirtiéndose en un boomerang. Pinochet lanzó una campaña de ese tipo contra los partidos herederos de la Unidad Popular de Allende, y perdió categóricamente. A partir de ese momento los estudios sobre las campañas políticas coincidieron en señalar los muy limitados alcances y los peligros de una campaña montada sobre la satanización del adversario. De hecho, la imagen que transmitió Scioli era la de un hombre cuya única misión era demostrar lo malo que era Macri, lo pernicioso que sería su gobierno y su inconmovible e incondicional defensa de Cristina. Su campaña estaba dirigida hacia atrás, a defender la “década ganada” y no a proponer cuáles serían los lineamientos generales de su programa de gobierno. No había el menor atisbo de que su comando de campaña hubiese percibido que vastos sectores de la sociedad querían un cambio, cosa que los astutos planificadores estratégicos de Cambiemos advirtieron con mucha antelación. Es cierto: había un absurdo que fomentaba una actitud negligente en relación a esta demanda de cambio porque, cuando consultada, la mayoría no sabía que era lo que quería cambiar y en qué dirección impulsar el cambio. Pera esa demanda: oscura, visceral, mezcla de aburrimiento y de hastío pero mediáticamente formateada estaba allí y había que tener una respuesta. El sciolismo no la tuvo. Sólo después del debate con Macri, el domingo 15 de Noviembre y a una semana del balotaje, Scioli empezó a asumir esta necesidad de cambio y desmarcarse de la tutela de Cristina. Pero ya era demasiado tarde.
Dificultades del cálculo y la previsión políticas.
A todo lo anterior es preciso agregar algunos otros factores que coadyudaron para producir la debacle del 22-N. El ya mencionado abandono del que fue víctima Scioli por parte de las organizaciones del kirchnerismo es uno de ellos. Otro, sin duda, fue la caprichosa política seguida en relación a la provincia de Córdoba y que tuvo como efecto la devastadora derrota de Scioli a manos de su oponente, que en ese distrito obtuvo la ventaja decisiva para asegurar su victoria. Hay quienes en el FpV sostienen que la pasividad con que el oficialismo enfrentó el desafío electoral obedecía al cálculo ya mencionado: asegurar un triunfo de Scioli pero ajustado, jamás superior al 54 % obtenido por CFK en el 2011. De no ser posible la victoria del oficialismo, un triunfo de Macri no sería visto con demasiada preocupación porque las bancadas del FpV en el Congreso y la gravitación del gobierno de la provincia de Buenos Aires serían suficientes para establecer límites muy estrictos a lo que pudiera hacer el candidato de Cambiemos si resultara vencedor de la contienda. En los dos casos el supuesto era que ambos gobiernos serían de corta duración y facilitarían el triunfal retorno de CFK a la Casa Rosada, emulando una rotación como la que había retornado a Michelle Bachelet a La Moneda luego del interludio de Sebastián Piñera. Pero algunas mentes afiebradas iban más lejos y creían que no sería necesario esperar cuatro años ya que el deterioro tanto de Scioli como de Macri se produciría en dos años como máximo. Por supuesto, dada la elevada volatilidad de la política argentina son muy pocas las hipótesis que pueden ser descartadas de antemano pero, hasta ahora, lo que ocurrió parecería desbaratar sin clemencia estos pronósticos y esto por dos razones: uno, porque la lealtad de los miembros del Congreso ha sido tradicionalmente muy vulnerable a la influencia de la Casa Rosada y los gobernadores provinciales, siempre necesitados del auxilio financiero que sólo aquella puede prestar y que puede torcer las voluntades más firmes de diputados y senadores. No es lo mismo jurar lealtad a Cristina cuando ella está en la Casa Rosada y cuando está en El Calafate. Y segundo porque, además, el refugio estratégico que ofrecía la provincia de Buenos Aires para capear el transitorio temporal político en el plano nacional quedó sepultado bajo el inesperado aluvión de votos que catapultó a María Eugenia Vidal a la gobernación bonaerense.
Dado este cúmulo de errores, notable por su número y su calidad, surge de inmediato la pregunta acerca de cómo fue entonces posible que Scioli terminara el balotaje con casi un 49 % de los votos. La respuesta es la siguiente: ante el resultado del debate que tuvo lugar una semana antes de la segunda vuelta, de donde emergió claramente la inminencia de un posible triunfo de Macri, se produjo un verdadero “ataque de pánico” en el difuso pero amplio espacio de la progresía y sectores de la izquierda, hasta ese momento confiados en la certeza del relato oficial que anticipaba una fácil victoria del candidato kirchnerista, inclusive en la primera vuelta. Tan convencidos estaban de esto que algunos hasta se podían dar el lujo de militar el voto en blanco, una típica maniobra del “polizón” en teoría de los juegos: dejarle al resto de la sociedad la penosa tarea de “votar desgarrados” a Scioli, como lo señalara con lucidez Horaco González, mientras los votoblanquistas se iban a dormir con su conciencia revolucionaria en paz y los otros regresaban maldiciendo haber tenido que votar a un candidato que no querían pero preferían a Macri. En la noche del debate una centella recorrió el campo de la progresía y la izquierda, y la constatación de la catástrofe que se avecinaba provocó la espontánea movilización de vastos sectores de la sociedad civil que ante la imperdonable deserción del FpV, La Cámpora, UyO, el PJ y las organizaciones sindicales encuadradas en el kirchnerismo salieron a la calle imbuidos de un fervor militante como no se había visto desde las grandes jornadas de finales del 2001 y comienzos del 2002. Cabe decir que esa irrupción de las masas para revertir lo que aparecía como una inminente debacle electoral es una de las notas más promisorias y esperanzadoras de cualquier pronóstico sobre el futuro de la política argentina. Cosa que, por otra parte, también se manifestó en el acto de despedida a Cristina el 9 de Diciembre y las sucesivas autoconvocatorias a protestar contra las draconianas medidas de Macri en los primeros días de su gestión, como por ejemplo la que tuvo lugar en el Parque Centenario de Buenos Aires el domingo pasado para escuchar al ex ministro de Economía Alex Kicillof. Es ese espacio de autoconvocados y movilizados donde deberá trabajar la izquierda para construir esa alternativa que el kirchnerismo no supo ser.
Pese a los contornos pesimistas del análisis anterior es preciso reafirmar, una vez más, que la historia está abierta y que su incesante dialéctica puede desairar las previsiones mejor fundadas. Una cosa es el triunfo electoral de una coalición de derechas y otras muy distintas es que pueda llevar adelante su programa y realizar las transformaciones que estaban inscritas en su plataforma de gobierno. Por supuesto, esto tampoco puede ser descifrado como una reedición de la teoría de la irreversibilidad de los procesos transformadores: la triste experiencia del derrumbe de la Unión Soviética y su posterior regresión al capitalismo salvaje o la violenta interrupción de las experiencias progresistas o de izquierda en Guatemala (1954), Brasil (1964) o Chile (1973) son elocuentes muestras de que los progresos políticos que se experimentan en un momento pueden ser revertidos en un período posterior.
La autocrítica y la necesidad de realizar un balance del kirchnerismo
Antes de concluir es necesario dejar en claro que las páginas precedentes no pretendieron ser un balance de los doce años del kirchnerismo. Su objetivo ha sido más modesto: tratar de entender por qué se derrumbó una experiencia sociopolítica y económica que podía haber continuado su curso y profundizado las incipientes transformaciones que habían tenido lugar en ese período. Y, sobre todo, promover un debate hasta ahora inexistente, o que se lleva a cabo silenciosamente y en las sombras. Estas reflexiones finales pretenden acercar algunas ideas para un esfuerzo de síntesis y evaluación que necesariamente deberá ser colectivo. Fue y seguirá siendo motivo de intenso debate las razones por las cuales algunas fuerzas u organizaciones progresistas y de izquierda, el Partido Comunista entre ellas, apoyaron críticamente este proceso. El kirchnerismo, fiel expresión del peronismo, jamás tuvo una propuesta anticapitalista. Es más, sobre todo Cristina creía, y cree todavía, en un “capitalismo racional” o “capitalismo serio.” La izquierda, para ser tal, es necesariamente anticapitalista. Se opone a un sistema que condena a gran parte de la humanidad a vivir en la pobreza, la abyección y las guerras. Y, además, porque destruye como nunca antes a la naturaleza. El kirchnerismo no tenía la superación del capitalismo en su agenda, ni siquiera remotamente. ¿Por qué brindarle entonces un apoyo crítico? La respuesta no parece difícil de entender, o no debiera serlo: Néstor Kirchner sintonizó muy rápidamente, al inicio de su gestión, con el nuevo clima político regional inaugurado luego del ascenso de Hugo Chávez Frías a la presidencia de Venezuela en Enero de 1999. Se alineó rápidamente con el líder bolivariano y junto con Lula entre los tres protagonizaron la histórica derrota de Estados Unidos en Mar del Plata. Por otra parte, en el plano doméstico Kirchner avanzó en el juicio y castigo a los culpables de los crímenes de la dictadura y reformó con transparencia y espíritu democrático una Corte Suprema profundamente desprestigiada durante el menemismo. Su indocilidad ante el FMI también lo hizo merecedor del apoyo de las fuerzas de izquierda preocupadas por el nefasto papel jugado por el imperialismo en Nuestra América, algo que no todas las que se llaman socialistas o izquierdistas comprenden a cabalidad. Uno de los grandes enigmas de la política latinoamericana es la sistemática ceguera de un sector de la izquierda ante las multifacéticas políticas del imperialismo en la región. Teniendo en cuenta las duras realidades del tablero geopolítico mundial, ¿en qué otro lugar podía estar una fuerza de izquierda, más allá de las contradicciones propias de todo movimiento nacional, popular y democrático, sino en una alianza táctica con el kirchnerismo? ¿Podía la izquierda alinearse contra sus enemigos jurados, al lado la Sociedad Rural, “la embajada”, la oligarquía mediática y sus aliados? ¿O estar con las fuerzas políticas que le decían Sí al ALCA?
Es sabido que una experiencia de matriz peronista inevitablemente carece de la radicalidad que las condiciones actuales exigen. Además, sus contradicciones son inocultables: promoción del “capitalismo nacional” pero vigencia de las leyes de Inversiones Extranjeras y de Entidades Financieras de la dictadura militar; recuperación de YPF pero no como una empresa del estado sino como sociedad anónima, que puede sellar acuerdos secretos con otra sociedad anónima como Chevron; políticas de inclusión social como la Asignación Universal por Hijo pero mantenimiento de la regresividad tributaria; solidaridad latinoamericanista (que está bien) y protagonista del rechaza del ALCA pero sin ingresar al ALBA; denuncia de los que “se la llevan con pala” pero pasividad ante la fenomenal concentración del comercio exterior; crítica del capitalismo salvaje pero alianza con la Barrick Gold, Chevron y la Monsanto (que ahora adquirió la compañía que cuenta con el mayor ejército mercenario del planeta, la ex Blackwater, ahora llamado Academi) y así sucesivamente. Contradicciones que es preciso entenderlas dialécticamente, es decir, sin pensar que hay un “lado verdadero” y otro que es puro engaño. La realidad es mucho más compleja de lo que parece y desafía esas simplificaciones. No obstante, es justo reconocer que en la suma algebraica de puntos a favor y en contra, de aciertos y errores, hay un predominio de los primeros. La continuación de la obra iniciada por Néstor Kirchner bajo la conducción de CFK sirvió para profundizar en algunas cuestiones y abrir nuevos frentes de batalla. La Asignación Universal por Hijo o la extraordinaria expansión de la cobertura del régimen jubilatorio no son cuestiones menores, en línea con la estatización de la seguridad social establecida por Kirchner. Los progresos en otras áreas han sido también significativos, desde la temática del género y la identidad hasta la política científica y tecnológica, el ARSAT I y II y la expansión del sistema universitario público, una conquista no menor en momentos en que la privatización de la educación superior se está convirtiendo en la norma en América Latina. Insistimos en que no es el objetivo de este ensayo enumerar los logros y las asignaturas pendientes del kirchnerismo, esfuerzo que tendrá que hacerse en otro momento y que también deberá ser fruto de una tarea colectiva. Entre los logros no es un mérito menor de Cristina el haber tenido siempre la virtud de “salir por izquierda” frente a cada crisis. Por muchas razones, desde su personalidad hasta la debilidad de las fuerzas políticas que la apoyan, no pudo hacer lo mismo Dilma Rousseff en Brasil, cuya tendencia ha sido invariablemente la contraria: salir por derecha y hacer concesiones a sus enemigos. Apenas ayer intentó, con la salida del Ministro de Hacienda Joaquím Levy, escoger otro camino. Por el contrario, CFK nunca tuvo esas dudas. Mal o bien, pero salía por izquierda: la Ley de Medios es tan sólo el ejemplo más elocuente de ello.
Como decíamos más arriba, las características personales de Cristina jugaron un papel importantísimo. Dueña de una fuerte y avasallante personalidad, lo que fue un atributo positivo de su liderazgo para enfrentar desafíos prácticos durante su gestión resultó ser altamente contraproducente a la hora de conducir una estrategia política que le permitiera asegurar la victoria de su espacio político. A diferencia de Néstor, un carácter también altamente irascible pero que poco después de su estallido de furia reiniciaba el diálogo con quien antes había sufrido su iracundia, CFK fue absolutamente inflexible e irreconciliable con sus ocasionales adversarios y enemigos, mucho de los cuales habían sido sus antiguos aliados o compañeros. Su carácter le prodigó muchas rivalidades gratuitas que le costaron muy caro. Néstor también era un “peleonero”, pero era más bien un esgrimista dotado de una ductilidad política que le permitía rápidamente recomponer los puentes rotos por su furia. Tocaba con su florete a sus adversarios pero no los mataba. Cristina, en cambio, es una gladiadora: pelea a matar o morir, y no hay retorno después de cada combate. Por supuesto, muchos de sus adversarios reunían las mismas características y también actuaban con la lógica guerrera del gladiador. Y ella aceptaba el desafío y redoblaba la apuesta. El arte de la política, como decíamos más arriba, tiene muchos componentes del arte de la guerra. Pero no toda la política puede ejercerse apelando a la lógica la guerra. La “dirección intelectual y moral” tantas veces subrayada por Gramsci es su complemento necesario, que pocas veces Cristina se decidió a poner en práctica. Para colmo, si Néstor no era precisamente generoso con sus aliados, Cristina lo era mucho menos. Su concepción de las alianzas era una transposición del verticalismo peronista: un líder omnisciente y omnipotente, sordo e inapelable, que debía encuadrar una coalición en donde convivían peronistas con no peronistas de distintos colores políticos. Bajo este modelo organizativo era muy poco lo que se podía construir políticamente. Careció de la flexibilidad necesaria para conducir un espacio así de complejo y su notable inteligencia se tradujo con frecuencia en actitudes soberbias que limitaron casi por completo su capacidad para escuchar y para dialogar, aún con sus más estrechos colaboradores. “No hubo diálogo con los diferentes”, dice con acierto Giardinelli en la nota ya mencionada. Es cierto que no se hace la gran política sin “garra”, sin vísceras y sin la fuerza de la que hizo gala Cristina. Un político timorato jamás llegará demasiado lejos. Pero la gran política no puede reposar tan sólo en aquellos bravíos atributos. Hace falta, como lo recordaba Maquiavelo en su clásica imagen del centauro, la pasión mezclada con la razón. O la astucia del zorro, para saber sortear las trampas que le tienden sus enemigos, combinada con la fuerza del león, para liquidar un pleito una vez agotadas las vías del diálogo. Desgraciadamente CFK no logró plasmar esa combinación, y su superioridad por comparación con la mediocridad de la clase política exacerbó un narcisismo que le impidió escuchar a la sociedad o a sus aliados, o entender que ciertos rasgos de su estilo personal producían, también entre sus fieles, tanto rechazo como las adhesiones que lograban sus políticas públicas. Como decíamos más arriba, una importante cuota de responsabilidad en todo esto le cabe a un entorno que lejos de estimular una reflexión crítica sobre la realidad de su gestión se limitó a aplaudir y alabar, creyendo que de ese modo colaboraban con la presidenta. Privada de ese sano ejercicio de la crítica y la autocrítica no supo darse cuenta del cambio cultural que estaba madurando en la Argentina, en donde aún quienes se beneficiaban de la inversión social cada día resentían con más fuerza del clientelismo y la prepotencia de punteros e intendentes. Desconocía aquella sabia sentencia de raigambre martiana y que el político y jurista mexicano, Jesús Reyes Heroles sintetizó en una frase ejemplar: “en política, la forma es el fondo.” En sus frecuentes mensajes televisivos Cristina abusaba de un tono vehemente y confrontacional (¡y no es que no tuviera buenas razones para confrontar!) que era absolutamente “antitelegénico” y que producía un efecto contrario al buscado. En algunos casos llegó a producir cansancio, fatiga o hartazgo, inclusive dentro de la legión de sus seguidores. Un par de pequeñas historias ilustran esto con elocuencia: un humilde lustrabotas del microcentro porteño, un hombre entrado en años, venido de una provincia pobre de la Argentina le confiesa a uno de sus habituales clientes que había votado a Macri “porque estaba demasiado grandecito para soportar que la presidenta me retara en la televisión.” Otro: en un modesto almacén del conurbano su dueña debía apagar la televisión cada vez que comenzaba una cadena nacional porque su clientela ya no quería escuchar a Cristina. Y la mayoría estaba formada por beneficiarios de diversos programas sociales del gobierno. Dos pequeñas historias que autorizan a extraer una conclusión provisoria: el boom del consumo que el kirchnerismo alentó y cultivó como política de estado no crea hegemonía política, error en que cayeron todos los gobiernos progresistas y de izquierda en la región. Ni aquí, ni en Venezuela, ni en Bolivia. En ninguna parte. La hegemonía es resultado de la educación política, de la supremacía en la batalla de ideas, de la concientización al estilo de Paulo Freire, y no del mayor acceso a los bienes de consumo. Y, desgraciadamente, en las experiencias progresistas de la región la formación política de las masas no tuvo la prioridad que debía haber tenido. Se confió en la magia del mercado: accediendo a algunos bienes se suponía que los nuevos consumidores retribuirían con lealtad política. Pero esa conexión entre consumo y hegemonía política no funciona de esa manera. Tal vez funcione en una dirección contraria. En todo caso, las consecuencias están a la vista.
Mal se podrían subestimar los logros de la gestión de CFK y, en general, el de los doce años del kirchnerismo. Se puede discutir la idea de la “década ganada” porque hubo algunos pocos –ricos y poderosos- que ganaron mucho más que los demás, y otros que no ganaron nada. Se debe también examinar el tema de la corrupción, endémico en la Argentina desde Bernardino Rivadavia hasta hoy, y vinculada principalmente (pero no sólo) a la obra pública. Se puede someter a crítica las limitaciones ya señaladas del “modelo”. Pero dejó un país muy distinto al recibido que sería injusto desconocer. Otra pequeña historia también viene a cuento: estuve hace pocas semanas en San Salvador de Jujuy. Hace unos pocos años caminar por la plaza céntrica de esa ciudad era hacerlo seguido por un nutrido grupo de niños descalzos pidiendo algunas monedas. Ahora, durante una semana, no hubo ni uno solo que reeditara aquella vieja y deprimente costumbre. Es que, a pesar de las críticas que le fueran dirigidas –clientelística, tal vez dispendiosa, seguramente ineficiente, etcétera- la política social del kirchnerismo surtió efecto. Y este no es un dato menor sino una cuestión central. Allí está la base del “voto duro” cristinista, de ese 36 % que acompañó a Scioli en la primera vuelta. Pero allí también parece haber estado su límite. Y sólo con eso no se puede ganar una elección presidencial.
Concluyo con la esperanza de que las ideas aquí esbozadas sirvan para propiciar un debate y para realizar un balance crítico de los doce años del kirchnerismo. Con la esperanza también de que evitemos la trampa facilista de quienes, so pretexto de “no hacer leña del árbol caído”, pretenden clausurar desde el vamos un examen que es a la vez imprescindible e impostergable. Lo primero, para corregir los errores propios de toda experiencia práctica. Quien hace yerra, y acierta a veces. Desde la torre de marfil académica o desde las certezas del dogma partidario no hay yerro posible. Claro, se paga un precio por eso: la realidad no se cambia, y se traiciona un apotegma fundamental del marxismo: la teoría tiene que servir para cambiar al mundo, no sólo para interpretarlo o para denunciar sus inequidades. El aprendizaje político se logra en la intelección colectiva, como lo subrayaba Gramsci, de esa praxis de ensayo y error. Impostergable, también, porque las tentativas del macrismo de imponer el neoliberalismo en su versión más radical no podrán ser neutralizadas si no se toma nota y se aprende de lo ocurrido en los años anteriores. Aprender de los aciertos, para conocerlos y conservarlos; y aprender también de los errores, para no volver a cometerlos. Estoy convencido de que aquellos son mayores que estos, pero todo, absolutamente todo, deberá ser sometido a examen. El desafío es muy grande y lo peor sería incurrir de nueva cuenta en la obstinada negación de la realidad, cerrando las puertas a la crítica de quienes acompañamos este proceso sin ser parte de él e impidiendo, con distintas argucias, la autocrítica de quienes tuvieron la responsabilidad de conducirlo. Si esta desafortunada actitud llegara a prevalecer estaríamos condenados repetir los errores del pasado.  
Notas:

1 “Paisaje después de la batalla y la autocrítica que falta”, en http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-288716-2015-12-21.html Hasta donde yo sé es la primera exigencia frontal de una autocrítica publicada en un medio gráfico kirchnerista. No he visto ni escuchado nada igual en la radio y la televisión. Comparto el 95 por ciento de lo que dice Giardinelli, excepto su sobrevaloración de los éxitos económicos del kirchnerismo y mucho menos aquello de que “estos 12 años fueron una fiesta para vastos sectores populares.” Ojalá que su ejemplo se multiplique.
2 Francisco Fernández Buey, “La política como ética de lo colectivo”, en F. Álvarez Uría (Comp.) Neoliberalismo versus democracia (Madrid: Las Ediciones de La Piqueta, 1988) pp. 26-40.
3 El estilo personal de gobernar (México, Cuadernos de Joaquín Mortiz, 1974). Me limitaría a señalar que el poder de la presidencia en la Argentina nunca fue tan inmenso como en México debido a que nuestro estado, por comparación al mexicano, es más débil. Ese “emperador sexenal” del que hablaba el estudioso mexicano nunca existió con esa fuerza en la tradición presidencialista argentina.
4 No puedo dejar de anotar que muchos de los sedicentes cultores del republicanismo conservador (porque hay otro, popular y de raíz maquiaveliana) han guardado un escandaloso silencio ante los atropellos a la división de poderes del gobierno de Mauricio Macri al pretender designar dos ministros de la Corte Suprema sin la aprobación del Senado o hacer uso abusivo de los Decretos de Necesidad y Urgencia. Como siempre, la derecha, aquí y en todo el mundo, tiene dos estándares éticos: uno para los amigos, otro para los enemigos. ¡Y después tiene la desfachatez de acusar a estos últimos de “fomentar la división de la familia argentina” o de abrir “la grieta”!
5 Cf. "El resultado en los comicios argentinos me animó mucho", en La Nación, Domingo 1 de Noviembre 2015 http://www.lanacion.com.ar/1841627-el-resultado-en-los-comicios-argentinos-me-animo-mucho
6 Basta observar el comportamiento de los grandes capitalistas locales e internacionales cuando el gobierno de Macri decidió poner fin al “cepo cambiario”: el dólar se cotizó el Martes 22 de Diciembre, cuatro días después de su liberación, a poco más de 13 pesos por dólar. Si esto lo hubiera hecho CFK la ofensiva especulativa seguramente lo hubiera proyectado a los 20 pesos por dólar, o más.
7 Sobre este tema recomiendo la lectura de la magnífica compilación hecha por ALAI: http://www.alainet.org/es/revistas/510

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

viernes, septiembre 25, 2015

La constitución del 53 ¿como sucedió?

Unos amigos me pidieron que señalase algunos puntos acerca de la constitución de 1853 y de si era posible otro modelo, sobre todo a tenor de su ideología liberal.

En principio señalemos cómo se fue dando el constitucionalismo en el mundo y cómo se fue dando en la Argentina.

Al respecto señalemos que el debate constitucional parte de nuestra vida independiente y se da en toda Hispanoamérica con los previsibles matices.

Nuestra constitución se sancionó en el año 1853, o sea, época de la consolidación del capitalismo en el mundo y que todo el debate constitucional se había iniciado 40 años antes, época de la toma del poder por parte de ese sistema

 O sea, se inició en los albores del liberalismo y se consolidó en la época del positivismo.

Pero yendo por partes. Veamos primero de donde viene el constitucionalismo en general y el latinoamericano en particular:

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El constituionalismo se inicia en Gran Bretaña, pero la de allí es una constitución flexible.

La cuestión se inicia con la Carta Magna. un plexo normativo de los nobles anglo sajones condicionando al rey Juan Sin Tierra, esto seguirá rigiendo hasta actualidad junto con el Bill of rights de Guillermo de Orange.

Eso da lugar a la Constitución Norteamericana y a la primer constitución francesa.

Estas dos constituciones son rígidas y escritas en una sola pieza. La primera solía ser invocada por los federales, la segunda por los unitarios.

Vamos a la primera, imitada por los distintos países latinoamericanos y el nuestro en particular, aunque en la mayoría de los otros países latinoamericanos no lo fue en cuánto al federalismo.

Hagamos un poco de historia.

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En los primeros tiempos de la independencia norteamericana, cuando los Estados Unidos eran trece colonias se comenzó a gestar el proceso que concluyó con la sanción de la constitución.

En esas colonias se daban gobiernos de asamblea en los que los "deudores" comenzaban a tener una gran prepronderancia.

Cuando para 1787 se reúnen los reepresentantes de esas entidades conforman un gobierno tripartito y federal. Buena parte de ese sistema es el de  Montesquieu en El espíritu de las leyes.

¿Que hicieron los constituyentes norteamericanos para limitar a los deudores y a esos gobiernos de asamblea?

Decidieron en primer lugar crear dos cámaras para imitar el sistema inglés

Los representantes del pueblo representaban a éste de forma directa y se llamaban representantes o diputados como los llamaremos nostros después, cada colonia pasaría a ser un estado y cada estado tendría igual número de senadores a los que se les exigía una renta a la manera de la Cámara de los Lores inglesa.

Estos representantes "indirectos" eran elegidos por un colegio electoral, como lo fueron los nuestros hasta 1994.

¿Que se haría entonces con el Poder Ejecutivo?

Estaría constituído por un "rey polaco", porque resulta que en aquel entonces los reyes en Polonia eran vitalicios pero electivos y eran, por supuesto, elegidos por los nobles.

Acá ese " rey polaco" se llamaría Presidente y sería elegido por un colegio electoral y por un tiempo determinado.

La reelección se limitó recién en el siglo XX,. Roosvelt fue elegido 3 veces y se preparaba para una cuarta cuando falleció.

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En cuánto al constitucionalismo nuestro vamos a hacer brevemente su historia

Fue una preocupación desde el inicio de nuesrta vida nacional y estuvo presente en nuestros enfrentamientos civilies.

El antecedente mas lejano es el Reglamento provisional de 1811 que deslindaba entre Junta Conservadora y Triunvirato, pero nunca llegó aplicarse porque se reemplazó por un Estatuto Provisional.

Durante el primer Triunvirato se sanciona, por ejemplo el Habeas Corpus

La Asamblea del año 1813 sancionó diversas instituciones como la "libertad de vientres" o el "estatuto provisorio" que poseían raigambre constitucional.

En 1815 Artigas y las provincias que lo seguían declararon la independencia y la de Tucumán del año siguiente es en verdad la independencia de Buenos Aires, y La Rioja al noroeste.

Ese Congreso sanciona la primer constitución, la de 1819.

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En ese momento se producía un retroceso de las ideas de la Revolución Francesa y parecía que la única salida era la monárquica

La única república en ese entonces era Estados Unidos  España se disponía a reconquistar sus dominios

Esta constitución fue rechazada por las provincias por unitaria y centralista. En 1820 en la batalla de Cepeda se produjo temporariamente la disolución del país y salvo la constitución de 1826 a la que nos referirremos luego, se produjo la llamada "anarquía".

Es en este período en el que se comienzan a sancionar los llamados "pactos preexistentes" que invoca el preámbulo de nuestra consticución y que serán su antecedentes

¿Cuáles son esos pactos preeistentes?

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Puntualizamos que este es un período de modificaciones económicas.

El esquema primario económico  español 5era mercantilista , por lo que la primacía estaba en la acumulación de metales preciosos. Nuestro país, o lo que es actualmente nuestro país,  que carecía de ellos en verdad, hasta debe su nombre a esa circunstancia.

El VIrreynato del Río de la Plata, abre éstos territorios del Virreynato del Perú porque el avance lusitano había llegado hasta la fundación de Colonia do Sacramento. La independencia se sancionó en Tucumán, cerca del Alto Perú mas importante desde el punto de vista de los metales preciosos, pero Buenos Aires como ciudad-puerto se abría al nuevo paradigma económico comercial. En tanto, Artigas buscaba albergar toda la zona en disputa con los "luso brasileños". Río Grande era en principio español y las amenzas de la corona portuguesa, mas los intereses británicos venían por esa zona.

El primero de esos pactos que se firman es el Tratado del Pilar de 1820.firmado entre Sarratea López y Ramírez acordaban.

La amenaza era la luso brasileña que avanzaba por la "provincia oriental" (Uruguay) ( la Banda Oriental era mas amplia y abrcaba el actual estado brasileño de Río Grande do sull)  y la Mesopotamia.

Mediante ese pacto se declaraban libremente navegables los ríos Paraná y Uruguay para las "provincias amigas", se convocaba a Artigas a incorporarse al tratado y se pretendía que en 60 días se reuniesen las tres provincias para comenzar a organizar la unidad nacional.

Artigas fue derrotado en Tacuarembó por los luso brasileños con lo que fue abandonado por sus aliados y el tratado no se realizó

En 1822 se firma el segundo de esos pactos preexistentes que es el Tratado del Cuadrilátero ¿Que postulaba ese tratado y entre quienes se firmaba?

En principio los firmantes son los representantes de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes.

Este tratado conssitía en un pacto de no agresión entre los firmantes, y en el compromiso de asistirse mutuamente. Por otra parte se declaraba la libre navegabilidad de los ríos interiores en buques nacionales

En 1831 se firma el Pacto de la Federación, en el medio (1826) se había constituído brevemente la Nación Argentina con la Presidencia de RIvadavia y se había sancionado la constitución de ese año.

El intento de constitución  unitaria, aceptada por algunas provincias, concluyó ni bien finalizó la gueera con el Brasil. Esta constitución planteaba la designación de gobernadores por parte del Presidente de la Nación con acuerdo del Senado y prohibía el sufragio a analfabetos, sirvientes y otros lo que mereció severos cuestionamientos de Manuel Dorrego

EL Pacto de la Federación de 1831 ratificaba los anteriores y crea una Comisión con un representane de cada una de las provincias, amén de los pactos defensivos y la ratificación de la navegación de los ríos interiores.

Finalmnente el Acuerdo de San Nicolás de 1852 Cita al anterior como ley fundamental y da lugar a la sanción de la Constitución

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Pasemos ahora a la obra que influye en la constitución. que es Bases y Puntos de parrtida de Juan B Alberdi y el conflicto en el medio del cual ésta se sanciona.

Este libro estaba en conflicto con la Argirópolis de Sarmiento

¿Que postulaba Alberdi en su libro y con quién discutía? ¿En qué polmizaban Sarmiento y Alberdi?

Para Sarmiento el modelo ya no era Europa sino Estados Unidos.

La libertad del país del norte lo seducía, tengamos presente que hablamos de Estados Unidos de Lincoln, no de la posterior ciudadela imperialista,Alberdi valoraba el "autoritarismo" de la experiencia europea, atento que

Sarmiento de la Argirópolis planteaba un federalismo al estilo norteamericano, como en su momento postulara Dorrego, este Sarmiento era distinto del que planteaba el unitarismo en Facundo, Alberdi planteaba un régimen de transición entre el tradicional y uno moderno El "autoritarismo, pero no arbitrariedad" era un remedio europeo post situación revolucionaria de 1848.

Contra lo que se pueda suponer Sarmiento planteaba que Buenos AIres debía entender que no se trataba del comercio de una ciudad rica con ciudades pobres, sino de mercados integrados tal como veía Sarmiento en el Oeste norteamericano, de allí también su propuesta de darle impulso a la agricultura y sustituir a la ganadería.

En todo ello básicamente ambos coinciden, pero sucedió

Si Jauretche parece destacar una diferencia entre ambos. Lo ve a Alberdi influido por List un liberal proteccionista germano, preocupado por la unificación de Alemania y lo ve a Sarmiento libre cambista.

Pero hay una cuestión que involucra a ambos que es la inmigración.

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Ambos coincidían en fomentarla ¿en que difieren?

Para Alberdi, (también eurocentrista como todos en su época, hasta Rosas que era eurocentrista pro hispano), la inmigración produciría el "contagio de hábitos de trabajo" . Para Alberdi hacía falta educación no "instrucción" y en eso se diferenciaba de Sarminento que si reclamaba instrucción formal.

El veía peligros en la educación y en las "tendencias anti disciiplinarias" que podía engendrar en los pobres.

El postulaba la que llamba "república posible" en contra de la "república de la virtud" sarmientina

Sarmiento considera que lo que "hizo grande a Estados Unidos" fue cierta igualdad y partir las considera pre condiciones para el desarrollo, lo que Alberdi consideraba peligroso

Ahora los absurdos contra pueblos originarios son de ambos y también lo eran de Rosas de quien se estima que tuvo una curiosmente mejor postura hacia los afro argentinos, esas barbaridades eran dichos por todos en esa época. Eurocentristas eran todos, los dos que comentamos, anglófilos o pro europeos occidentales, Rosas por hispano.

La clásula del progreso del artículo 67 inciso 11 de esa constitución postulaba Proveer a la seguridad de las fronteras; conservar el trato pacífico con los indios, y promover la conversión de ellos al catolicismo.
Proveer lo conducente a la prosperidad del país, al adelanto y bienestar de todas las provincias, y al progreso de la ilustración, dictando planes de instrucción general y universitaria, y promoviendo la industria, la inmigración, la construcción de ferrocarriles y canales navegables, la colonización de tierras de propiedad nacional, la introducción y establecimiento de nuevas industrias, la importación de capitales extranjeros y la exploración de los r íos interiores, por leyes protectoras de estos fines y por concesiones temporales de privilegios y recompensas de estímulo. 


Hoy ésto de "evngelizar a los indios" nos puede resultar cuando menos ridículo. la nueva cláusual del progreso reconoce la preexistencia de los pueblos originarios.

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En 1853 se habían sancionado a su vez muy pocas constituciones y la constitución argentina y todas ls latinoamericanas se inspiran en la de Estados Unidos.

Hay pocos estados federales en el mundo, en Latinoamérica aparte de Argentina, Brasil y México, si bien el federalismo de los otros dos es mas atenuado que el Argentino y este a su vez mas atenuado que el de USA.

Las reacciones ante la constitución de 1853 han sido diversas:

El radicalismo, por ejemplo, surgió cuestionando a la llamada Generación del 80 y considerando que ésta no cumplía con el texto constitucional y el peronismo cuestionando ese texto y sancionando la Constitución de 1949.

Digamos en principio que Yrigoyen hasta por antecedentes familiares se asimilaba al rosismo, Galvez y muchos yirigoyenistas lo fueron pero lo que surge es la polémica por la constitución de 1949.

Entonces.

Ante tanto fraude y tanto desastre lo de 1853 e volvió reivindicable para un sector, pero también por qué se lo cuestionó
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En tiempos de la sanción de la constitución Ferdinando de Lasalle socialista alemán y amigo de Karl Marx escribió su libro ¿Que es una constitución?.

Como todas las relaciones con Marx solía estar plasmada de agudos debates.

Lasalle era partidario de la unificación alemana " por arriba" o sea la que pretendía y finalmente logró Prusia. Eso lo enfrentó con Marx que era partidario del enfrentamiento de los trabajadores prusianos con el Estado de esa nacionalidad.

Según Lasalle una consitución sería en definitiva la " suma de los factores de poder", la legitmidad real precedería a la legitimidad jurídica que se produciría al sancionarse la constitución por escrito.. En caso de no producirse esta coincidencia la constitución escrita pasaba a ser un "pedazo de papel".

Carl Schmitt, desde la ultraderecha, funcionario en eu momento del régimen nazi planteaba curiosamente algo my similar, su teoría era llamada del "realismo jurídico"

Los autores argentinos justificadores de la doctrina de facto solían invocar a uno o al otro justificando con sus concepciones opuestas los golpes de estado y la suspensión de la constitución en su parte orgánica y en diversas cuestiones del artículo 14 bis, particularmente el derecho de huelga.

O sea, la doctrina de Lasalle era  para señalar una realidad. Transformar el ser en el deber ser.es lo que los apolegetas hicieron


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La constitución de 1949 se enrola en la corriente del constitucionalmo social.

La primera de las constitucions sociales fue la mexicana de 1917 y la soviética de ese tiempo.y la alemana del Weimar.

Se apuntaba a que el objetivo de Perón en esa reforma era la reelección perpetua del Presidente, también se brindó el argumento de que la necesidad de reforma había sido declarada con las 2/3 partes de los miembros presentes y no con los miembros.

Lo cierto es que la derogación se produjo mediante un bando militar de la autodenominda revolución libertadora que vertía esos argumentos mientras era sancionada por únicamente Aramburu.

Lo interesante es que se incorporaban los derechos de segunda generación así, o sea los derechos sociales como  los de la ancianidad, de las mujeres y por supuesto de los trabajdores, amén de declararse la función social de la propiedad.

Algo de eso se pretenda rescatar parcialmente en el articulo 14 bis de la constitución nacional.

¿De donde surge el rechazo?

Toda la propaganda antiperonista quizo asimilar a Perón a una suerte de Rosas y reivindicaba la reimposición de la constitución de 1853.

Exaltaba la figura de Sarmiento, por ende la reacción era su rechazo, y el rechazo de todo lo que la cultura liberal exaltaba.

Hoy la constitución de 1994, también originada es una pretensión reeleccionista, de Menem en este caso, también incorpora los derechos de tercera generación y según mi criterio y creo que el de muchos, otra reforma se hace necesaria.

Pero en suma ésto es lo que tenía para comentarles, espero que haya servido
















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lunes, agosto 24, 2015

Un Luthier menos

Estas son algunas reflexiones que me provoca la para mi inesperada muerte de Daniel Rabinovich

Como diría una antigua canciónde Jethro Tull era "demasiadoviejo para el rock and roll, demasiado joven para morir", ya que hoy 71 años, si bien es una edad importante no es una edad para morir.

Les luthiers no terminó, desde ya, pero si la vida de Daniel Rabinovich, por lo que me surgen algunas reflexiones.

Daniel era junto a Marcos Mundstock el mas histriónico del grupo, si bien sus cualidades musicales no eran nada desdeñables.

No era el autor de los guiones, aunque sus cualidades como escritor demostradas al final de su vida hacen ver que no eran para nada despreciables.

Como alguien dijo era "quien ponía la frutilla del postre, si bien estaba lleno de frutillas".

Como músico era habilidoso, su ejecución de la guitarra y del violín así lo demostraban, pero claro, era difícl destacarse ante un músico tan completo como Carlos López Puccio o un destacado guitarrista como Marona.

Como guionista el mismo Mundstock elaboraba y elabora geniales guiones así como otros miembros del grupo, pero como dijimos sus cualidades literarias se veían reflejadas acabadamente no sólo con las obras escritas por fuera de su actividad como luthier sino con sus agregados e improvisaciones en escena.

¿Como los recuerdo?

Yo pertenezco a ese sector de mi generación que admiraba lo sucedido cultural y políticamente en las décadas del 60 y primera mitad de los 70.

No recuerdo y me pierdo aquello de I Musicisti porque era muy chico y no lo había escuchado, pero lo primero que escuché fueron los tres primeros volúmenes de Les Luthiers, aquellos realizados bajo la dirección de Gerardo Masana.

El primer volúmen con mas chistes musicales cono el Concierto Grosso alla Rustica, el segundo en el que Daniel se destaca en el Bolero de Mastropiero, por ejemplo

Uno recuerda también ese noticiero en el que se pasaba a un gabinete militar en el que el ministro de educación era el "cabo primero Anastacio López".

Los vi en vivo luego e infinidad de veces cuando el aspecto actoral comenzó a tomar mas relevancia desplazando un tanto al aspecto musical.

Allí era donde Daniel Rabinovich se destacaba.

Lo recuerdo especialmente en esos diálogos con Marcos Mundstock

Mundstock serio y formal, Rabinovich disparatado y delirante hacían un excelente contrapunto.

Hay quien lo ha comparado con Peter Sellers y quien lo ha hecho con Cantinflas. Yo particularmente creo que era Rabinovich y en eso era único e inimitable y era algo muy gracioso y muy destacable.

Sus dotes actorales fueron descubiertas y explotadas en diversos filmes. Los de Taratuto que aprovechó y muy bien, tanto a él como a Marcos Mundstock

¿Alguien quiere verlos como íconos revolucionarios? Desde ya que no y ellos tampoco lo han pretendido.

Si, cualquiera recuerda "ya el sol se asomaba en el poniente" la marcha militar en el que el estereotipo de las canciones marciales se veía satirizado, o a aquel militar declarando ridículamte su amor a una señorita.

Uno recuerda al "cabo primero Anastacio López" nombrado ministro de educación o lo ve a Daniel Rabinovich y a Marcos Mundstock interpretando a esos dos políticos corruptos y bastante ignorantes a los que le encomendaban encontrar a un músico que modifique en algo el himno de un país latinoamericano para promocionar al Presidente en ejercicio

Esas vilezas que tan bien captaban y sutilmente denunciaban estaban siempre presentes.

Rabinovich es unánimemente recordado como un tipo valioso  y solidario desde lo personal., y por eso también se lo extraña.

Es como un primo mayor que nosotros que nos acompañó todos éstos años. Ojalá tengamos a los otros primos varios años mas








lunes, julio 20, 2015

Otro resultado inesperado y un debate agresivo e inservible

Lo que sucedió el 19 de Julio en la C.A.B.A es otro resultado inesperado en un marco de resultados inesperados y carentes de lógica, o de la lógica que creemos que es tal.

En primer lugar, es para destacar el nuevo y espectacular yerro de los encuestadores que en algún caso le daban un triunfo de 10 puntos a Rodríguez Larreta, contestes con lo cual estaba la chicana esa de que "no se presente Lousteau al ballotage que solo iba a hacer gastar dinero".

El espectacular yerro obliga a la siguiente reflexión " ¿ es sano guiarse por las encuestas? No parece.

Lo que cabe analizar son dos fenómenos que se produjeron

Por un lado de la suma de votos se infiere que los de Lousteau fueron por un lado los tradicionales votos radicales, mas los que en otra época eran los votos frepasistas por un lado y los votos del FPV de la vuelta anterior por el otro.

Pero no todos porque también surge de las "bajadas de línea" oficiales, y no me refiero a Recalde y otros referentes de peso simplemente, sino a lo que sucedía en los niveles inferiores de las organizaciones también

A ello debe sumarse que algunos que votaron a Lousteau en primera vuelta votaron esta vez, aunque en procentaje inferior a Rodríguez Larreta.  Quiero decir que la pequeña diferencia entre los votos obtenidos por Larreta en la primera vuelta y los de ayer reflejarían que algunos de los que votaron a Lousteau en el primer caso, lo habrían votado al candidato de Macri en el segundo.

Todo ello da cuenta de un contexto que no es estable pero que permite advertir ciertas constantes.

1) Sin la fuerte presencia orgánica de otros tiempos parece seguirse dando el tradicional bipartidismo radical- peronista de otro tiempo bajo otra forma En la capital el voto de Eco reflejaría que allí se depositaría el tradicional voto radical, en alguna medida frepasista luego, y que falta de otras opciones apaortó al macrismo luego.

2) El voto peronista de la capital, mas el voto progresista (frepasista en el último tiempo) pareció darse en este caso a favor de la candidatura de Recalde y en esta segunda oportunidad reforzando los votos de Lousteau

3) En cuanto al voto en blanco no fue sólo de la izquierda trotoskysta (confundida a secas y no tan inocentemente como "la izqueirda en general"), sino de algunos simpatizantes del FPV también.

A partir de lo expuesto conviene advertir y analizar lo siguiente.

Como dijimos otras veces, la derecha no es patrimonio exclusivo de la Ciudad de Buenos Aires. La mayoría de las provincias tienen gobiernos conservadores, feudales en algunos casos, peronistas, no peronistas y de partidos provinciales.

El PRO no es una exclsuividad en Recoleta, cuando en otras oportunidades hemos visto como cosechaba votos en villas miseria inclusive y ganaba en todas las comunas de la C.A.B.A.

El electorado de la CABA es volátil como todos los electorados y responde a lógicas distintas y contradictorias.

Hay un peronismo perdidoso que siempre se enoja por no haber ganado allí, pero como peronismo exclusivamente. Ese peronismo no quiere nunca constituir frentes, ni avanzar como movimiento histórico.

Prefiere mantener ciertos nichos privilegiados como el SUTERH, el SUTECBA, en su momento el Cavallismo, el grosismo y olvida, por ejemplo, que acá nomás los barones del conurbano no son precisamente un dechado de virtudes.

Hay un cierto rechazo al peronismo, pero a partir de cierto "racismo" cierta cuestión de clase, que le hace creer a muchos sectores presuntamente, y cada vez mas presumtamente medios, que los "negros" son los que causan la "ruina" de este país. Ahora bien, dentro de ese amplio sector, hay quienes no son tan reaccionarios y que no están dispuestos a avalar opciones como Macri porque simplemente no son suicidas.

Cambiemos fue una opción de derecha en la que se juntó la derecha PRO, con la derecha radical. El núcleo vinculante fue eso del "anti cristinismo" de unos y otros. Fue la definitiva derechización de los restos del radicalismo, lo que sucedió tras la Convención de Gualeguaychú, la "dealfonsinización de esa fuerza".

Pero el otro lado, prefiere utilizar la definición de "popular" para soslayar cualquier vinculación con la izquierda, ni siquiera aceptan la definicíón de "centro izquierda".

El candidato Recalde dio "libertad de acción " a sus votantes, pero manifestó no haber votado ni por uno, ni por el otro porque ninguno representaba lo que postulaba.

Sumado los votos en blanco y los votos de Lousteau se concluye que este otro podría haber ganado, y allí surge un debate complicado.

A muchos ex PC les brota su "stalinismo", muchos peronistas su "macatismo".  Es curioso escuchar a muchos peronistas fustigar, no se sabe por qué, "al PC que forma parte del Frente para la Victoria" y a todos juntos al trotskismo.

Nadie niega que fue un resultado sorprendente y positivo, visto desde este lado pero no perdió precisamente el Che Guevara y me atrevería a decir, ni siquiera Raúl Alfonsin.

Perdió por pocos votos el Nosiglismo y el otro término de la interna de Cambiemos ¿Lousteau no es el mismo del Clínicas? ¿No es el mismo de la 125?

¿El candidato del FPV para la presidencia no es acaso alguien cuyo conservadorismo no lo aleja tanto de los contendientes?

Tratemos de ver un poco mas allá y veamos los proyectos en pugna, hasta donde los hay


martes, julio 14, 2015

Es tan difícl


Es tan difícil  aslvar un partido, digo un país ( Eduardo Duahlde ante Jorge Lanata en 2003) 

Los resultados de las elecciones porteñas con ser previsibles no dejan de ser shockeantes y motivar varias reflexiones:

Recalde fue un buen candidato: tuvo propuestas, mantuvo la compostura, afrontó con serenenidad las operaciones que se tejieron en su contra.

Antes el problema se lo atribuían a características personales de FIlmus y cuando no a sus anteedentes "no peronistas", en el caso de Recalde ni una ni la otra de las hipótesis se daba, sin embargo el resultado fue el conocido.

Entonces viene la segunda andanada de argumentos:

La Capital es gorila, son medio pelo que se creen mas, por eso son anti peronistas y gorilas.

En especial son sus "barrios paquetes" los que parecen decidir el voto. Ahora bien, resulta que las villas también votan al PRO, entonces se dice que " es el gorilismo de la capital"

Dicho esto último no parece asumirse que en las provincias también triunfan opciones conservadoras, y que las opciones peronistas también lo son.

¿O acaso alguien se planteó que son  Insfram o Alperovich? Los barones del conurbano son, o se reivindican, peronistas, pero ¿no son conservadores y mafiosos? La Liga de Gobernadores, los burócratas sindicales forman una santísima trinidad que es en definitiva el PJ.

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Macri, o mejor dicho  Durán Barba se dio cuenta de algo que en su discurso plantea desde la derecha

"Planteamos un cambio, no pueden decir nada los que gobiernan hace 25 años" .

Es un opositor al peronismo que no se manifiesta anti peronista. Cuenta con Ritondo o con el mismo Rodríguez Larreta para mostrar una "pata peronista"

Es alguien que desde la derecha captó esta demora del peronismo en definirse y, por ende, en permanecer.

Claro. se dirá que Macri solo prospera en la Capital, pero la provincia de Buenos Aires que votó a De Narváez o a Massa ¿es tan diferente?

¿Scioli es tan distinto?

Analicemos cada cosa.

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Desde el 83, salvo el caso de esta última década,  el peronismo se viene manifestando como una opción de derecha, pero no lo admite y pretende mantener la volatilidad de otros tiempos.

En esa fecha es derrotado por el alfonsinismo, el recuerdo del gobierno de Isabel era muy cercano, y seguramente eso fue parte de lo que incidió en el resultado.

Alfonsin se lanzó inmeditamente a provocar lo que finalmente no sucedió, o sea a cooptar algún sector y a quitarle legitimidad a la burocracia sindical.

Contra lo que se supone a partir de período en que Grinspun fue ministro de economía  o de algunos  célebres discursos como el pronunciado frente a Reagan en los jardines de la Casa Blanca, fue en esa gestión en que se comenzó a introducir la lógica neo libreral

Esa fue la gestión que comenzó a hablar de "flexibilidad laboral", que intentó sin éxito la privatización de Aerolíneas y de Entel, que aplicó un plan de ajuste como fue el plan austral.

El peronismo se recompuso, con un discurso tradicional ganó las elecciones de 1989 y comenzó luego a contramano de su discurso electoral  a aplicar la máxima expresión del neo liberalismo que conociera nuestro país.

Eso terminó como todos sabemos en la crisis del 2001.

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Desde entonces, trataremos de explicar la génesis del kichnerismo y de las candidaturas actuales.

En el 2003 los posibles candidatos de Duhalde eran tres,De la Sota, Reutemann y Kirchner. Esto quiere decir que los tres eran evaluados por el caudillo de Lómas de Zamora como los continuadores de su polítca.

O sea, los tres en el mismo plano:

Los dos primeros con antencedentes conservadores, notoriamente peronista y "cavallista" el prmero, figura pública, favorecido por los medios el otro.

De Kirchner poco se sabía, ya que era mas conocida su mujer, hoy presidenta, para entonces diputada

Duhalde en su gestión presidencial había pretendido ser distinto al Duhalde conocido, el líder del sistema bonaerense.

Tras la gestión de Rémes Lemicov, asumió Roberto Lavagna, alguien, se sabe, desarrollista y con un sesgo mas productivista que el de sus antecesores comenzó a darle cierta reputación a su "veranito" o recuperación económica.

Las variantes represivas, como el assinato de Kosteki y Santillán, habían determinado la convocatoria a elecciones y otro cambio se produjo en la política exterior.

El golpe a Chávez y, no obstante ser Ruckauff el canciller, la actitud de Duhalde fue de condena a la asonada.

Esos leves cambios producidos, el nuevo populismo en Latinoamérica hizo que el discurso predominante, el que pasó a ser el de Kirchner, lo invocase y se reivindicase continuador de lo ocurrido a principios de los 70

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Pero pasemos a analizar como fueron creciendo las figuras de Scioli y de Macri.

Scioli fue diputado en la Capital por iniciativa de Carlos Ménem.

¿Quién había sido?

Había sido el hijo del propietario de una famosa casa de electro  domésticos y socio de Alejandro Romay.

Su padre consiguió que su socio difundiese su carrera de motonauta

Se convirtió en un personaje famoso en las revistas del corazón en ese momento y de allí su notorriedad que hizo que se lo presentase en un distrito habitualmete adverso no sólo al menemismo,  como al peronismo en general, la Ciudad de Buenos Aires, como diputado.

Scioli triunfó como legislador, cumplió su mandato y vino la crisis del 2001.

El gobierno provisional que armó Duhalde repartía cada sector conforme cada fracción del peronismo.

A Scioli le tocó la Secretaría de Turismo, de acuerdo a la porción que se le asignaba al menemismo.

La gestión estaba destinada al "éxito". La devaluación del peso comenzó a dar lugar al turismo .
receptivo antes que al emisivio al que daba lugar el uno a uno 

Ahora bien, en medio de su gestión Scioli decidió su "pase " al duhaldismo y eso ocasionó la renuncia de distintos exponentes del menemismo que había en su secretaría.

Cuando Duhalde finalmente se decidió  por Kirchner, éste "despejó" a la Ciudad de Buenos Aires de "rivales" de Ibarra. Así a Bielsa se le ofreció la Cancillería, a Béliz el ministerio de Justicia y a Scioli la Vicepresidencia.

Scioli como Vicepresidente recibió algún "reto" trasendente de la actual Presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuando por entonces era seandora.

El, inconmovible,  no respondió como lo hizo en varias oportunidades.

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El gobierno de Felipe Solá en la provincia de Buenos Aires era el encabezado por un político "oportunista" como son la mayor parte de los miembros de la clase política argentina.

Sabemos que estuvo coqueteando con el PRO en su momento cuando debió alejarse del kirchnerismo y que hoy está con Massa.

También sabemos que cuando en el programa "Caiga quien caiga" algún cronista le preguntó jocosamente como hacía para "ser el funcionario que mas duró en el menemismo, cuál era el sereto" el respondió sin ambagues "hacerse el boludo" .

En la provincia de Buenos Aires había sido el vicegobernador de Carlos Ruckauff .

Cuando se produjo la crisis del 2001, recordamos que Ruckauff huyó "desesperado" hacia la Cancillería y que Solá asumió la gobernación

Por entonces la reputación de Solá era "progresista" dentro del "universo PJ" y eso se maifestó en su gestión con ministros como Juan Pablo Cafiero en Seguridad, secundado entones por Marcelo Saín  o León Arslanian, y en educación con Adriana Puiggros sobre el final de su mandato.

Solá fue reelecto cuando concluyó el que originariamente iba a ser el mandato de Ruckauf y se aprestaba a una nueva reelección.

En ese segundo turno la interpretación del Supremo Tribunal bonaerense se decía que iba a ser que "el mandato anterior era en verdad el de Ruckauf y que era posible para Felipe Solá presentarse teniendo eso en cuenta", pero algo sucedió

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En 2006 y durante el mundial de fútbol el entonces gobernador de Misiones Carlos Rovira pretendió modificar la constitución provincial para habilitar su reelección.

Convocó a un plebiscito y perdió frente al obispo de Puerto Iguazú Joaquín Piña, lo que llevó a Néstor Kirchner a decir que "la gente no quería reelecciones".

La constitución de Santa Cruz, sabemos, permite la reelección indefinida por lo que no se comprende simplemente la posición de Néstor Kirchner.

En una reciente nota del periodista Horacio Verbitsky éste dice que NK le manifestó su temor a perder elecciones por lo que la apuesta a Scioli en esa oportunidad.

Lo cierto es que Solá fue "vetado" en esa oportunidad y Scioli fue postulado.

En las elecciones legislativas en que resultó electa CFK esta se había referido a la "mafia de los barones del conurbano" hablando del "Padrino I,II y III",en esta oportunidad los sectores cuestionados parecían revitalizados.

A Arslanian  lo sucedieron Casal; Stornelli o Granados, en Seguridad  a Puiggros, Oporto o Nora de Lucía en De Lucía en Educación. El equipo económico que permanecía siendo idéntico desde la gobernación de Cafiero fue reemplazado por otro de orientación mas neo liberal sin por eso creer que el anterior era keynessiano.

En 2009, tras todo el affaire de la Resolución N° 125/ 2008 Kirchner se presnetó junto a Scioli de diputado, en el caso del segundo se sabe fue una "candidatura testimonial".

En esa oportunidad perdieron frente a "alica, alicate De Narváez" por pocos votos pero ello no impidió algún reproche público del ex Presidente  a Scioli,  en cuánto a que "tenía atadas las manos", refiréndose al tema policial, poco antes de fallecer.

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Resulta que ahora CFK no se puede presentar a un nuevo mandato.

Entonces se produjo la lógica competencia interna.

En la CABA los diversos candidatos se enfrentaron entre sí y subsistió Mariano Recalde.

A nivel nacional fue solicitado por la presidenta el "baño de humildad" ya conocido por todos y eso redundó en renuncias de la mayoría para concluir en la existencia de de dos candidatos solamente: Randazo y Scioli.

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Así dadas las cosas, parecía que Randazzo representaba el voto "kirchnerista puro" y Scioli un voto mas volcado a la derecha.

Luego, se sabe, por gestión de la primera mandataria, Randazzo terminó renunciando a su postulación y a su vez no aceptó la ofrecida candidatura a gobernador por la Provincia de Buenos Aires, por lo que Scioli quedó como candidato por el Frente para la Victoria

Es que quedan frente a frente dos postulantes con perfiles que presentan muchas similiturdes así como en la C.A:B:A se presntan al balotage otros dos canddatos similares como Larreta  Lousteau.

Es pertinente analizar como se produce ésto, o iintentar hacerlo.

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Como se sabe el PRO ganó en la C.A.B.A incluso en los sectores mas humildes con "voto vergonzante" ya que nadie admite haberlo votado.

Pero ¿que ganó en otras jurisdicciones?

En Buenos Aires ganó Scioli y en alguna oportunidad De Narváez o Massa, en cada una de las provincias caudillos provinciales, peronistas o no peronistas, pero conservadores en todos los casos.

Muchas veces hubo ciertas sorpresas, pero eso fue el resultado definitivo.

También es el eficaz resultado del trabajo de los aparatos ideológicos del sistema que es eficaz desde hace rato.

Pensemos solamente que el candidato que mas votos obtuvo en primera vuelta en 2003, con la cercanía de la crisis del 2001, fue Carlos Ménem y que entr los primeros lugares y en una posición expectnte estuvieron Adolfo Rodríguez Saa y Ricardo lópez Murphy., que Elisa Carrió todavía ostentaba una imágen de centro izquierda pero que poo tiempo después se volcó a la derecha y que Néstor Kirchner no era conocido e insistimos era todavía el candidato de Duhalde.

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Los candidatos de hoy con expectativas presidenciales coinciden en varios aspectos.

En primer lugar, coinciden generacionalmente: Los dos principales (el tercero con menos chances es Massa y es algo menor) pertenecen a los "hermanos menores" o sea aquellos que veían con cierta admiración a sus "hermanos mayores" que en gran parte fueron los desaparecidos. Pero éstos "hermanos menores" eran los indiferentes en materia política.

Scioli se dice que jugaba a las cartas para no participar de las asambleas de un muy politizado Carlos Pellegrini, Macri que concurría al privado Cardenal Newman alguna vez afirmó "éramos tan apolíticos en los años 70".

Los tres, Massa incluído son los hijos de acaudalados empresarios.

Scioli y Macri fueron figuras de revistas del corazón, y los tres tienen esposas "decorativas" que "acompañan".

Los tres no casualmente se presentaron en Show match y soportaron estoicamente las bromas del conductor y su equipo.

Scioli y Macri han elogiado públicamente a Ménem, mientras que Massa es el yerno de un funcionario menmista y de una diputada de esa condición.

Estas coincidencias hablan hasta aparentemente banales hablan de algo.

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En tanto el kichnerismo postula una militancia que tiene sus principios pero no deja de ostentar cierto "verticalismo", los otros dos candidatos ostentan equipos de campañas u acuerdos con dirigentes con ese objeto.

Todo ésto es para ir analizando el contexto